Nota para pensadores, líderes políticos y religiosos, empresarios, comunicadores… Y para todas las personas interesadas en el bienestar y el futuro de la humanidad
El sentido de la vida: individual y global
Voy a cumplir 80 años. Mi formación es mercantil y financiera y he trabajado toda mi vida en banca. Pero desde hace 20 años estoy tratando de contrastar la que llamo mi idea básica, que inicialmente y bajo el título: El imperativo vital. Ideas para una ética universal, enuncié así: “El objetivo de la especie Hombre, como el de cualquier otra especie, es sobrevivir “. (Si lo desean, ver C.V. de El Autor)
Según mi idea, este fin está implícito en cada ser vivo. Y conlleva un imperativo que les impulsa a vivir y reproducirse iterativamente para transmitir la vida que tienen. Sin perjuicio de que los humanos podamos tener otros fines espirituales o trascendentes.
Este imperativo vital, implícito en todos los seres vivos, es la base permanente de su comportamiento histórico, incluida la evolución en especies para intentar adaptarse a los entornos cambiantes. Parece que los aproximadamente dos millones de especies conocidas actuales, más las posibles desconocidas, representan solamente el 2% de las que han existido. El resto han evolucionado o se han extinguido.
En el caso de los humanos, seres racionales, morales y conscientes, el objetivo vital prioritario puede ser explicitado como una base permanente de comportamiento, o principio ético universal, que diga: “Es bueno/mejor, lo que sea bueno/mejor para la supervivencia de nuestra especie.”
La idea básica y el principio ético que de ella se deduce me parecieron de la mayor importancia. Y me extrañó que no estuvieran ya vistos y dichos. Por otra parte, la idea básica parecía justificar y propiciar la eugenesia, la guerra, el dominio de los más duros y fuertes, … Por ello, durante trece años me dedique a leer todo lo que tuviera que ver con mi idea y su entorno.
En 2013 confirmé la idea de que, a la vez que la competencia y la lucha, las especies sociales habían desarrollado distintas formas de altruismo como medio para convivir en grupo y facilitar la vida y la reproducción iterativa de sus organismos. En el caso de los humanos, el comportamiento altruista en todas sus formas: instintivo, recíproco, oneroso, puro, … habría facilitado la creación de grupos cada vez más numerosos y el desarrollo de enormes capacidades de convivencia, comunicación y libertad creativa. Con ello, nuestra joven especie se multiplicó y extendió por todo el mundo en un mínimo espacio de tiempo.
El altruismo amplio complementa en nuestra especie al imperativo vital y la unión de las dos ideas me decidió a difundirlas. En los últimos siete años he escrito tres libros sobre ellas y desarrollado una página web con aclaraciones y notas. Y he realizado diferentes acciones personalizadas de difusión a especialistas en filosofía y otras ciencias. Pero, con todo ello, no he conseguido hasta ahora que mis ideas sean confirmadas o refutadas públicamente. Seguramente no he sabido explicarlas bien. Voy a intentar enunciarlas con un nuevo enfoque, apoyado en las opiniones de Jacques Monod y en las más recientes de dos biólogas españolas.
Esta nota va dirigida a personas con interés en estas cuestiones, cualquiera que sea su especialidad. Mi petición de ayuda consiste en rogarles que intenten mirar y ver el fondo de mis ideas, especialmente la básica. Y si les parece bien me hagan llegar su opinión sobre si las consideran ciertas o falsas. También pueden comunicarlas a otros posibles interesados y difundirlas por los medios de comunicación que crean mas adecuados.
La nota es una exposición resumida. Quien desee ampliar su contenido puede acceder a mi página www.supervivenciayaltruismo.com o escribirme a jcorrallope@gmail.com
La idea básica según la biología.
Como dice Popper en La miseria del historicismo (Alianza, 2008,153), esta idea me surgió… “tropezando con ella (es decir por intuición)”. Luego, dada su aparente obviedad, creí que su demostración era fácil ya que se puede deducir a partir de ver el comportamiento de todas las especies conocidas: todas intentan prioritariamente sobrevivir, en su forma actual o evolucionando, por lo que parece que debe existir “algo” permanente que motiva este comportamiento común. Llamé a ese algo el imperativo vital.
Para mí esta explicación era suficiente, ya que la hipótesis está basada en hechos que se repiten en toda la historia conocida, que son observables en la actualidad y que son predecibles para el futuro. También cumple la condición de ser una hipótesis falsable.
Pero a pesar de su aparente sencillez, no he conseguido hasta ahora que mi idea básica sea aceptada ni rechazada fehacientemente. Se me han dirigido distintas objeciones que creo he aclarado según se puede ver en Objeciones de la página web. Todas ellas referidas a cuestiones marginales: sobre la idea de especie y sobre los usos de algunos conceptos y métodos. Y sobre sus posibles aplicaciones, que supondrían bastantes cambios en las normas, leyes y creencias de todo el mundo. Todas estas cuestiones, que son muy importantes pero marginales, desvían la atención de la idea básica, que queda oculta por ellas. O se da por sabida sin verla.
Voy a exponerla ahora partiendo de una verdad que creo está totalmente aceptada y utilizada, aunque esté poco explicitada ya que solamente la he visto expresada así, recientemente, por Jacques Monod y Natalia Lópéz-Moratalla. Y por una joven bióloga divulgadora, Evelyn Segura. Supongo que habrá otros expertos que hayan dicho lo mismo, o la dan por sabida dada su obviedad. Pero la idea es clara. Y comprobable y falsable en cualquier momento.
Monod en “Le hasard et la nécesité”, Seuil, 1970, 26-27, dice con lenguaje profesional:
“Todas las adaptaciones de los seres vivos, como también todos los artefactos configurados por ellos, cumplen proyectos particulares que es posible considerar como aspectos o fragmentos de un proyecto primitivo único, que es la conservación y multiplicación de la especie “. La traducción y las cursivas mías. Y más adelante:
“Es preciso insistir en el hecho de que no se trata sólo de las actividades directamente ligadas a la reproducción propiamente dicha, sino de todas las que contribuyen, aunque sea muy indirectamente, a la supervivencia y a la multiplicación de la especie.”
Y Natalia López- Moratalla, en “Cuestiones acerca de la evolución humana” EUNSA, 2008, 53, dice:
“El principio vital unitario de cada uno de los vivientes causa eficientemente un organismo que en el caso de los animales está finalizado intrínsecamente a vivir y transmitir la vida para que se mantenga la especie.”
Y en: ¿Inteligencia artificial?, Digital Reasons, 2017. 50, dice:
“… el animal conoce su “para qué” en el sentido de que lo conoce en cuanto que su biología le dice lo que le conviene para vivir y reproducirse y así acertar en su propio fin: la supervivencia de su especie”
Y una joven bióloga, Evelyn Segura, en “Adaptarse o morir”, Paidos, marzo de 2019:
“Igual que una gacela huye sin pensarlo dos veces ante la presencia de una leona, los humanos también somos seres animales que respondemos de forma instintiva a nuestras propias amenazas, llegar a la edad reproductiva, crear una nueva generación y perpetuar nuestra especie. En esto se resume todo.
¿Es este el verdadero sentido de nuestra existencia? Podría plantearse como una de las cuestiones filosóficas más importantes de la humanidad, aunque desde el punto de vista biológico, la respuesta asusta por su aparente simplicidad: sí “
Los textos citados expresan mi idea básica, pero ninguno la resalta ni completa:
Monod la dice al pasar en el prefacio de su libro estrella, donde lo que parece que le interesa es difundir sus trabajos en genética que le habían valido el Nobel.
La doctora López-Moratalla cree que, en este asunto, no procede usar analogías de los animales con los hombres. En la página 56 del primer libro citado, después de hablar de la información genética de los animales, dice: “Sin embargo, cada hombre se marca sus propios fines (el para qué de su existencia), que no están contenidos en el patrimonio genético común a todos los hombres”.
Lo cual creo cierto para cada persona. Sin perjuicio de que todas las personas humanas tengan, además de su singular e irrepetible patrimonio genético y su amplia libertad, un patrimonio genético común donde sí esté implícito el imperativo vital universal común a todos los seres vivos.
La joven Evelyn pone estos dos párrafos, al pasar, en el prefacio de su libro sobre la conducta animal. Y, aunque intuye su importancia, no se atreve a seguir con la idea que esboza, y deja el asunto en manos de los filósofos.
Ampliar, si se desea, en la Web: en Monod.
Otras búsquedas del sentido de la vida y del fundamento de la ética.
Por mi parte, como digo, mi descubrimiento de la idea básica fue por intuición. Y fue después cuando traté de ver si alguien ya la había dicho. Y si encajaba en el contexto de lo ya escrito sobre la materia por los expertos.
Han sido muchos los sabios: filósofos, teólogos, y últimamente algunos biólogos, que han buscado y buscan el sentido de la vida. Que coincide con la búsqueda de lo Bueno, de nuestro objetivo vital y del fundamento de la ética. Voy a tratar de reseñar lo más interesante que he visto sobre estas cuestiones y luego intentaré completar las ideas biológicas citadas
Creo que los filósofos, a quienes apela Evelyn Segura, ni siquiera han mirado esta idea que enuncian los biólogos. En el año 2000 mi formación en filosofía era corta: una asignatura en primero de Económicas y después, como aficionado, las lecturas de Ortega, Ferrater, Marías, Kant, …. Pero desde el año 2000 he leído con detalle todo lo que me parecía más cercano a la ética y sus fundamentos.
Incluyo en mi web una amplia Bibliografía y en Filósofos una nota con las causas por las que creo que no han visto mi idea. Y comentarios a los más notables: Platón, Aristóteles, Kant, Hume y los utilitaristas, Ruse, Ortega, Ferrater, Marías. Y nuestras filósofas vivas que más han buscado una meta-ética: Camps, Cortina y Valcárcel.
También son muy interesantes dos trabajos que comento en Artículos: “Los sótanos del universo” del profesor Juan Arana sobre causalidad y “Los orígenes del hombre” del profesor Rodríguez Valls sobre la singularidad del ser humano.
Y también he de reseñar, muy especialmente, la búsqueda de los fundamentos de la ética de Brentano, nuestro Castrodeza, Hans Jonas, Koprotkin, Hans Küng, Morin, Rusell, Adam Smith, … Y los modernos bioéticos: Neil Levy y Pfaff entre otros.
En general los filósofos no se ocupan de la vida material. Lo dijo el propio Ortega. Se ocupan de lo espiritual de los hombres singulares, de las personas. No de lo físico que dan por supuesto. Para Kant el Hombre es inmortal y el eudemonismo buscado es espiritual. Los que más se han acercado son los utilitaristas y los pragmáticos, pero produce tristeza leer a William James y no haber podido aclararle sus enormes dudas. Por lo que conozco, tampoco los vitalistas vieron la sencillez de la idea básica.
Con todo, creo que Evelyn Segura tiene razón cuando encarga el trabajo a los filósofos, porque parece que la cuestión es de su campo. Algunos biólogos han intentado dar el paso de lo natural a lo espiritual, de lo instintivo a lo volitivo, de lo animal a lo humano. Muy interesante ver los esfuerzos de Mayr, Dobzhansky, Ayala, el propio Darwin, Damasio, Dawkins, … E.O. Wilson dijo que habría que biologizar la ética y quitarla de las manos de los filósofos. Pero creo, con Ferrater, que es un trabajo conjunto. La web tiene un apartado de Biólogos donde comento lo que he leído de ellos sobre estas cuestiones.
En cuanto a los teólogos, además de los escritos de Monseñor Ladaria, de Hans Küng y de los dos Papas actuales, es muy importante considerar el documento de la Comisión Teológica Internacional, aprobado el 2009, bajo el título de: “En busca de una ética universal: un nuevo modo de ver la ley natural”. Comentado en la web en Religiones.
Ampliación de las ideas anteriores.
Las ideas biológicas citadas, se pueden resumir en: todos los animales tienen como objetivo o finalidad la supervivencia de su especie.
Amplio la frase anterior: Las especies biológicas, grupos reales compuestos por sus individuos vivos en cada momento, tienen como finalidad su fitness o eficacia genética. Es decir: su objetivo permanente es que sobrevivan y se reproduzcan los individuos que las componen y sus descendientes. En la mejor forma adaptativa posible. Y estos descendientes también tendrán la permanente finalidad de que sobreviva la especie a la que pertenezcan en cada momento.
El que las especies y sus individuos tengan esta finalidad común no quiere decir que la consigan siempre. Parece que el 98 % de las habidas se han extinguido. Para intentar pervivir las especies tienen distintas estrategias según sus características y las de sus entornos. Estos comportamientos siguen en general las leyes biológicas, que están muy estudiadas desde que Darwin publicase la teoría de la evolución. Normalmente las especies se mueven dirigidas por sus individuos o grupos líderes mejor adaptados para sobrevivir. Ya hay mucho escrito sobre estas cuestiones.
Resumiendo lo anterior, tanto los animales singulares como la especie de que forman parte tienen como finalidad la supervivencia de la propia especie. De ello se deduce que serán buenos/mejores los comportamientos que sean buenos/mejores para la supervivencia de la especie. Entendido el término especie de la forma citada.
La idea tiene muchas facetas, pero es importante no perderse en ellas. Por ejemplo, un aspecto claro es que los individuos no saben “conscientemente” cual es su objetivo vital. Actúan según la programación genética heredada y según su entorno cultural y sus capacidades. Tampoco es seguro que las normas que tienen en cada momento, tanto heredadas como culturales, sean las mejores para el objetivo básico. Ni que las cumplan. Pero el imperativo vital – el proyecto primitivo único de Monod, el principio vital unitario de López-Moratalla, el sentido de la existencia de Segura – siguen estando inscritos y operando, de forma implícita y permanente, en todos los seres vivos.
Hemos hablado de los seres vivos animales. En cuanto a los seres humanos no hay acuerdo sobre su naturaleza: podemos ser animales elegantes que decía Ortega, o ser seres esencialmente espirituales, o algo mixto. Y además podemos tener un alma inmortal. Para nuestra hipótesis no es preciso entrar en estas cuestiones ya que partimos de algo de lo que estamos seguros: somos seres vivos. Y nuestra idea afecta a lo que los seres humanos tenemos en común con los demás seres vivos, incluidos los animales sociales de reproducción sexual que es a quienes más nos parecemos.
Con ello parece que por esta concreta y básica analogía, los seres humanos también tenemos como finalidad la supervivencia de nuestra especie. Y por otra parte nuestro comportamiento básico, histórico y actual, es el mismo que el de todos los seres vivos y en especial el de los animales sociales: vivimos y nos reproducimos iterativamente. Y también hemos cumplido, posiblemente en exceso, nuestro objetivo de supervivencia. Es decir que el propio hecho de que sigamos existiendo supone que, en nuestra programación vital o donde sea, tenemos “algo” que nos lo ha ordenado y ordena.
De acuerdo con lo anterior, en el caso de los seres vivos humanos: seres animados, conscientes, racionales, morales y muy libres, la norma de comportamiento citada se puede enunciar como un principio ético universal que diga: Es bueno/mejor lo que sea bueno/mejor para la supervivencia de nuestra especie/humanidad.
Cuestionario
Me alegraría que con lo dicho haya quedado clara la idea. Pero es posible que el lector no esté de acuerdo con alguno de sus aspectos. Para facilitar su opinión planteo de forma separada los principales puntos que pueden presentar dudas. A cada uno de ellos se puede responder: si, no, o sin opinión. Y agradecería que, quien lo desee, envíe sus respuestas y comentarios a jcorrallope@gmail.com o a survival@corralforum.org
1.- Todos los animales tienen como finalidad vital (1) la supervivencia de su especie.
2. Los seres humanos también tenemos como finalidad vital la supervivencia de nuestra especie/humanidad.
3.- De acuerdo con lo anterior, es válido el principio ético universal: Es bueno/ mejor lo que sea bueno/ mejor para la supervivencia de nuestra especie/humanidad.
(1) La palabra vital se usa en su doble significado de “relativo a la vida” y “de suma importancia”
Añadido aclaratorio
Después de leer lo anterior me dice un amigo que quedan en el aire varias cuestiones. Y me resalta dos de ellas:
1ª: parece pobre que el sentido de nuestra vida sea el mismo que el de los animales: continuar la especie.
2ª: aceptado el principio ético universal habría que decir algo sobre sus aplicaciones, tanto individuales como colectivas.
Estas cuestiones y otras muchas están ampliamente desarrolladas en la Web. Intento resumir las que señala mi amigo:
1ª El sentido de la vida.
No sabemos a ciencia cierta si la vida de los seres humanos, individualmente y como colectivo, tiene otros fines distintos del citado. De tenerlos parece que podrían consistir en intentar ser algo así como superhombres tanto en lo físico como en lo espiritual. Y si como dicen las principales religiones existiera otra vida trascendente, el fin de cada persona sería hacer méritos en la vida terrenal para alcanzar la eterna.
Es posible que estos tres fines existan. Pero es bueno saber que, si existen, para tratar de alcanzarlos hay que hacer, en principio, lo mismo que para que la especie sobreviva. Tanto los valores como las virtudes a practicar para intentar conseguir esos posibles fines están incluidos en el altruismo amplio. Que, según hemos dicho, es el mejor y más eficaz medio que la especie Hombre ha adoptado para sobrevivir. Es la antigua recomendación de ser más sanos, más sabios, y más santos. Y no olvidemos que “la ética y la estética son uno”, como dice Wittgenstein en el 6.421 del Tractatus. De la estética como medio para supervivir trata ampliamente Castrodeza en “El flujo de la historia y el sentido de la vida” (Herder, 2013)
Y no hay límites en las vidas de los humanos para practicar lo sano, lo sabio, lo santo y lo bello. Todo eso favorece la supervivencia de nuestra especie. Y viceversa: lo mejor para la supervivencia y el bienestar de nuestra especie es lo más sano, más sabio, más santo, y más hermoso, que podamos hacer. Y ese hacer, cada uno en su circunstancia, es lo que da sentido a cada vida. Los sabios y los santos (creyentes o no) lo saben bien ya que son los más interesados/egoístas/altruistas y más listos: son felices en esta vida. Y en la otra si existe.
Con todo, seguimos sin saber si además existen otros objetivos para la humanidad como conjunto: el superhombre del transhumanismo, la Noosfera y el Punto Omega de Teilhard, los treinta pájaros del Simurg… O una mezcla: unos supercuerpos, más el incremento de lo espiritual/santo, para algo que ahora no imaginamos. Morin dice que aún estamos en la Edad de Hierro del Hombre.
Y también pueden existir distintas formas de organizarse: la Utopía de Moro, La isla o el Mundo feliz de Huxley, el 1984 de Orwell, una especie de imperio romano mundial añorado por Morin,… La mezcla de todo ello. O lo que parece más fácil: una estructura parecida a la actual con una buena Autoridad Mundial, fuerte o consultiva.
Creo por mi parte que si la humanidad sobrevive unos siglos y persevera en mantener el altruismo/amor como medio, retroalimentando con él su programación neuroética y cultural, el futuro es impredeciblemente brillante. Pero para eso la humanidad debe sobrevivir y debe hacerlo conviviendo fraternalmente. Parece que contribuir a esa vital tarea es lo que puede dar sentido a la singular e insustituible vida de cada ser humano. Contribución que sería meritoria para que creyentes y no creyentes (Rom.2.14-15) intenten alcanzar la posible vida eterna.
2ª Aplicaciones.
Como se deduce de lo anterior, conocer explícitamente el principio ético universal supone contar con una base ética común, que debe servir de fundamento permanente a las normas contingentes de las distintas culturas y circunstancias.
Estas no son solamente ideas teóricas: explican la finalidad y otros aspectos de la evolución y del sentido del progreso. Pero, principalmente, suponen la obligación de actuar de acuerdo con el principio básico, ahora explícito, que fundamenta nuestra moral. He notado en varios oyentes un cierto rechazo al apreciar esta obligación, que además supone cambiar algunas teorías más o menos arraigadas. También reducen el relativismo y las capacidades políticas y doctrinales de decidir lo que es bueno y malo, por lo que es muy posible que estas ideas no gusten a muchos.
Pero el principio ético universal es neutral en cuanto a creencias religiosas y políticas y puede ser la base común de diálogo, hasta ahora inexistente, para establecer valores comunes y virtudes universales a aplicar en las distintas culturas.
Para estudiar y poner en práctica estas y otras aplicaciones parece conveniente crear un Consejo Ético Mundial, o algo similar, con capacidad para proponer medidas y con autoridad para que se implanten. Creo que muchos líderes políticos y religiosos, entre ellos los últimos Papas, propugnan la creación de algún tipo de autoridad mundial que vele por la humanidad en su conjunto.
Con el apoyo y supervisión de este Consejo, los distintos grupos verticales: empresas, organismos públicos y privados, Estados…, y horizontales: partidos políticos, religiones, humanismos, grupos de opinión, …, deberían revisar sus normas, leyes y opiniones en vigor para intentar adaptarlas, en lo conveniente, a las normas morales derivadas del principio ético universal ahora explicito. En la Web pueden ver un apartado de Tareas con Ideas de futuro, Utilidades, Aplicaciones y Cosas a hacer
A título de ejemplo, señalo algunos problemas y sus posibles soluciones para ilustrar el alcance de la aplicación de estas ideas. Advierto de mi incapacidad, y de la posible del lector, para opinar sobre los casos que enuncio. Tanto el planteamiento real como las soluciones a adoptar serían tareas a realizar por expertos bien seleccionados.
. Una primera aplicación sería hacer o confirmar la lista valorada de los grandes riesgos naturales y humanos que puedan afectar a la supervivencia y el bienestar: meteoritos, terremotos, gases nocivos, cambios climáticos, pandemias, contaminación, armas …
Y otra lista de factores positivos: la capacidad de la Tierra y de la vida de aguantar y las muchas capacidades de los seres humanos: inteligencia, altruismo/amor, las virtudes y valores que lo integran, la diversidad de razas y culturas, las ciencias y sabidurías…
Y a la vista de los factores negativos y positivos establecer las posibles acciones: para prever y mitigar los riesgos y para potenciar los factores positivos. Por desgracia, el coronavirus ha puesto de actualidad nuestras ideas y la urgencia de su aplicación.
. Una de las posibles cuestiones a considerar sería el volumen total de la población y las condiciones de vida de las personas vivientes: en cada momento y en el futuro a corto y medio plazo.
Cuando yo nací, a principios de los 40, éramos unos 2.000 millones. Ahora somos más de 7.500, creciendo y con un nivel mucho más alto de consumo promedio. Es claro que hemos tenido muchísimo éxito en el mandato de “Creced y multiplicaos y henchid la Tierra”. Creo que no hemos tenido tanto en el de cuidarla.
Parece que la Tierra ya está “henchida” y que, orientativamente, la población óptima para la supervivencia de los humanos y su entorno podría estar entre 2000 y 4.000 millones. Si los expertos confirmasen estas cifras creo que, con una adecuada política y los medios actuales, la población futura se podría reducir paulatinamente a la mitad actual en cuatro o cinco generaciones de 15 años. Sin traumas ni sufrimientos sino todo lo contrario. Para ello habría que confirmar la idea de la paternidad responsable: pueden tener hijos las personas y colectivos que tengan capacidad para criarlos bien.
Esta idea ya la promueve la Iglesia Católica. Tal vez tendría que admitir algunos medios y técnicas para facilitar su práctica. Y por parte de los organismos que promueven la planificación familiar y la separación de sexualidad y procreación parece que deberían cambiar algunos de los métodos actuales. El principio ético universal proporciona la base para el diálogo público sobre estas cuestiones entre todas las partes implicadas. Y facilitaría la implantación de las conclusiones si favorecen el objetivo básico.
Creo que el modelo de familia tradicional estable, con los hijos que puedan cuidar, es ahora el mejor. Teniendo en cuenta las diferentes circunstancias de los distintos países y respetando al máximo las distintas culturas. Con mayor austeridad de consumo en los ricos y suficiente bienestar en los pobres. Habría que adecuar muchos modelos económicos y sociales, pero ese es un problema técnico solucionable en unos pocos años. Pero es imprescindible tener siempre presente y prioritario el objetivo vital de supervivencia y bienestar de la humanidad y el altruismo/amor como medio.
. Hay otras muchas aplicaciones a considerar a la luz del principio ético universal. Entre ellas: la ecología humana, las ingenierías sociales, genéticas y ambientales, las políticas educativas, el trato a los marginales, las religiones, los nacionalismos, los delitos contra la humanidad y las virtudes universales. Y, naturalmente, las éticas individuales.
Todas estas cuestiones se desarrollan en la página: www.supervivenciayaltruismo.com
Y para dudas y aclaraciones pueden escribir a jcorrallope@gmail.com
Gracias por llegar hasta aquí. Y por lo que puedan hacer en adelante por la difusión de estas ideas si las consideran ciertas y útiles.
J.C. Madrid, 13 de octubre del 2020.