Jacques Monod y dos biólogas actuales

Jacques y dos biólogas

Ninguno de los biólogos anteriores explicitaron claramente mis ideas. Aunque se acercaron mucho a ellas. Seguramente las dieron por supuestas.

El mundo de los biólogos es muy amplio y con creciente especialización. Mayr ya habló de ello y del reduccionismo que produce. He mirado ahora en la página de Wikipedia y hay censadas 36 ramas de la biología, muchas de ellas subdivididas a su vez en otras.

Para ilustrar este comentario cito algunas ramas que más relación pueden tener con nuestras cuestiones: antropología, ecología, etología, filogenia, genética, taxonomía paleontología, zoología.  Pero casi todas ellas están a su vez muy subdivididas y es muy difícil encontrar biólogos que sean capaces de “ver” nuestras ideas. En general las dan por supuestas ya que trabajan con organismos individuales, o con sus partes, o con colectivos parciales. Y no se cuestionan las causas del comportamiento de las especies que estudian. O ni siquiera ven a la especie como sujeto.

Con todo ello es difícil saber si alguno de los biólogos actuales ha “visto” nuestra idea básica, aunque estoy seguro de que muchos de ellos la dan por supuesta. Se nota en el lenguaje. En lo mucho que ya he leído todos usan el término hombre, con minúscula, para referirse indistintamente al hombre individual y al Hombre especie. Debemos deducir a quien se refieren por el contexto. Y lo mismo con los animales.

En cualquier caso, me ha hecho muy feliz encontrar recientemente a varios biólogos modernos que han explicitado el fundamento de mis ideas.

 

Jacques Monod (1910-1976)

 

Biólogo. Premio Nobel en 1965 de Fisiología y Medicina.  En su obra “El azar y la necesidad”, Seuil, 1970, dice:

“Todas las adaptaciones funcionales de los seres vivos, como también todos los artefactos configurados por ellos, cumplen proyectos particulares que es posible considerar como aspectos o fragmentos de un proyecto primitivo único, que es la conservación y la multiplicación de la especie

 Y más adelante:

“Es preciso insistir en el hecho de que no se trata sólo de las actividades directamente ligadas a la reproducción propiamente dicha, sino de todas las que contribuyen, aunque sea muy indirectamente, a la supervivencia y a la multiplicación de la especie

Natalia López-Moratalla

La doctora López-Moratalla es bióloga, especialista en bioquímica y biología molecular. En “Cuestiones acerca de la evolución humana”, EUNSA, 2008, dice: 

“El principio vital unitario de cada uno de los vivientes causa eficientemente un organismo que en el caso de los animales está finalizado intrínsecamente a vivir y transmitir la vida para que se mantenga la especie” (las cursivas mías)

Y en “Inteligencia artificial ¿conciencia artificial?”, Digital Reasons, 2017, dice:

“… el animal conoce su “para qué” en el sentido de que lo conoce en cuanto que su biología le dice lo que le conviene o no le conviene para vivir y reproducirse y así acertar en su propio fin: la supervivencia de su especie”.

Evelyn Segura

Es una joven bióloga y comunicadora científica. En la introducción de “Adaptarse o morir”, Paidós, marzo 2019, dice:

“Igual que una gacela huye sin pensarlo dos veces ante la presencia de una leona, los humanos también somos seres animales que respondemos de forma instintiva a querer vivir y sobrevivir a nuestras propias amenazas, llegar a la edad reproductiva, crear una nueva generación y perpetuar nuestra especie. En esto se resume todo.

¿Es este el verdadero sentido de nuestra existencia? Podría plantearse como una de las cuestiones filosóficas más importantes de la humanidad, aunque desde el punto de vista biológico, la respuesta asusta por su aparente simplicidad: sí”

 

Consideraciones sobre lo anterior

 

En mis primeras notas de 1985 y 2000  sobre la idea básica (ver Supervivir págs. 302 a 313) ya consideré, intuitivamente,  a la especie como sujeto del imperativo vital de supervivencia. En Supervivir amando, intento justificar esta idea y dedico las páginas 30 a 39 a la especie como sujeto, tanto activo como beneficiario, cuya finalidad es intentar cumplir el objetivo de supervivir.

Los textos comentados de Dobzhansky, Mayr y Gould confirmaron mi idea de que las especies, al menos las biológicas y reales, son unidades evolutivas. Y las mas recientes lecturas citadas en este apartado confirman mi idea de que los seres vivos tienen como “proyecto primitivo único”, finalidad intrínseca, o sentido existencial, la supervivencia de su especie.

Como ya he dicho en otros lugares, (ver el Resumen de la página Web), mi idea de la especie como sujeto puede verse desde la especie como unidad (un ente individual compuesto de individuos y grupos de individuos) o como individuos y grupos de la misma especie, cada uno de los cuales representan a la especie de que forman parte.

Suelo poner los ejemplos de la Policía, como conjunto compuesto de policías, y los policías y sus agrupaciones, que representan y “son” la Policía. O los equipos de fútbol, o cualquier empresa u organismo. Los “constructos” de Harari, que en el caso de las especies biológicas son actuales, reales, naturales, autoconstruidas por sus primeros componentes y mantenidas por los existentes en cada momento.

Las especies como unidades biológicas, son entes “construidos” por los seres vivos para facilitar a los propios seres vivos su pervivencia y reproducción iterativa. Y el vivir y supervivir de los seres vivos individuales supone la supervivencia de la especie. Creo que están claros los dos sentidos en que “funciona” el concepto de especie como sujeto del imperativo vital de supervivencia. Aclarando también que el objetivo es la supervivencia de los seres vivos, portadores de vida, que compongan la especie en cada momento, aunque para este supervivir deban convertirse, todos o en parte, en otra u otras especies o entes. Entes que, es de suponer, también tendrían la finalidad de que pervivan y se reproduzcan iterativamente sus individuos.

Con lo anterior, creo que queda claro el concepto de especie y su doble uso en la idea básica. Algunos filósofos tienen dudas con el concepto de finalidad. Con la idea de si la especie como unidad puede ser sujeto de obligaciones. O lo que es lo mismo si puede tener un objetivo o finalidad. Me declaro incapaz de utilizar los métodos y lenguajes específicos de los filósofos profesionales.  Pero en mi lenguaje de profano, y usando mis saberes multidisciplinares, creo que del comportamiento común y universal de todas las especies biológicas conocidas, y de todos los seres vivos que las componen, puede inducirse o deducirse que existe una causa o una finalidad común a todas y todos ellos: la conservación y la transmisión de la vida, siendo las especies un medio o instrumento cuya finalidad es la propia supervivencia mediante la reproducción iterativa  de los organismos que la componen. Y esa finalidad está implícita en la información de todos los individuos de la especie. Y por tanto es una finalidad de toda la especie. Otra cosa es cómo, cada especie, ha intentado e intentan (las vivas) cumplir esa finalidad. Pero de eso ya se sabe mucho.

Un problema que surge al exponer mi idea básica es el rechazo a considerar que el sentido vital de nuestra vida es el mismo que el de cualquier otro ser vivo. Desde que nacemos tenemos el deber de intentar cumplir el imperativo vital implícito en nuestro genoma. Como todo el resto de seres vivos, de la bacteria al elefante. Imperativo que, como dice Evelyn Segura, consiste en vivir y procrear una nueva generación para perpetuar nuestra especie. Y eso es todo. Este “eso es todo” naturalista es poco o mucho según se mire. Cada persona somos irrepetibles, somos un eslabón de la malla de la vida. Mientras vivimos hacemos que la vida siga. Y ese vivir individual puede ser de muchas maneras. Los sabios y santos (laicos y religiosos) lo saben bien. Viven y aman a sus prójimos y con ello cumplen el imperativo vital y son felices.

Se ha hablado y escrito mucho del sentido de la vida y de cómo ser feliz. Es muy sencillo: aceptar con humildad nuestra obligación vital y ejercerla con amor.  Sin renunciar, quien quiera, a ningún otro posible objetivo espiritual o trascendente. Recomiendo leer las Tareas para todos. Y creo que la mejor fórmula es intentar  buenamente ser más sanos, más sabios, más santos, más solventes, y más sonrientes. Y con ello, haremos honor a la dignidad de persona humana que tenemos.

Madrid, 2 de noviembre del 2019. Día de Difuntos.