Anexo A . Para pensantes de todas las tendencias y creencias.

0. Planteamiento

Ver la Carta a los seres humanos

A.- La idea básica o primer mandamiento.

“Como el resto de las especies de seres vivos, la nuestra, Homo sapiens, tiene como finalidad vital prioritaria su propia supervivencia”. Y por formar parte de ella todos los humanos han tenido, y seguimos teniendo, esta misma finalidad de que nuestra especie sobreviva. Este es el primer mandamiento.

Es una idea obvia e intuitiva que normalmente damos por supuesta y utilizamos, tanto los sabios como los menos letrados, sin reparar en ella. Y que puede plantearse y justificarse de distintas maneras. (Ver). Si es cierta como creo, sus consecuencias teóricas y sus aplicaciones prácticas la convierten en una de las ideas más importantes de nuestra historia. Pero no es fácil de mirar ni de ver ya que está rodeada de un entorno complejo, y su asunción choca con cuestiones y teorías muy arraigadas según he podido ver en estos años ( Ver Bibliografía)

Creo que mis métodos de análisis y exposición son rigurosos pero que, posiblemente, en algunas cuestiones no siguen las normas y el estilo habitual de las especialidades a que afectan. Pido a los sabios que me lean que apliquen la generosa recomendación del profesor Juan Arana: “…hay que (…) aprender a rescatar cualquier tesis respetable que puedan esconder las balbucientes expresiones de los no iniciados” [1] (ver)

Después de estas advertencias paso a intentar explicar los principales conceptos de la idea básica: el sujeto, la finalidad y el mandamiento. Y a reseñar las principales dudas que me han planteado algunos sabios especialistas. ( ver Objeciones)

1.- El sujeto

El sujeto es cada una de las especies existentes en cada momento y los seres vivos individuales que las componen. Es decir, en nuestro caso, quien tiene la finalidad de supervivir es la especie Homo sapiens tal y como existe realmente en cada momento. Y por ello, todos y cada uno de los seres humanos vivos que la componemos tenemos la misma finalidad de que nuestra especie sobreviva. Y por ello el deber de intentarlo.

Esta proposición, tan sencilla, parece que no es fácil de ver y de entender ya que ha producido muchas dudas.  Voy a enunciar las observaciones más frecuentes:

El concepto de especie: Existen más de veinte definiciones del término y numerosas dudas entre los filósofos especialistas sobre su contenido. Para mi idea sirve cualquier tipo de especie, pero es más fácil de verla si usamos el concepto de especie biológica, definida por Mayr como: “conjunto de poblaciones naturales capaces de cruzarse unas con otras y aislado reproductivamente (genéticamente) de otros grupos similares por barreras fisiológicas y de comportamiento” [2] (Ver)

Otra forma posible de ver el concepto es por analogía con un equipo de fútbol. Los equipos (especies) son quienes tienen la finalidad de ganar el partido o el campeonato. Y esa es también la finalidad, y el deber, de los jugadores (organismos individuales) que son el equipo en cada momento.

Como otra objeción, uno de los sabios me dijo que la especie era un “constructo” mental, “una categoría taxonómica sin existencia real”.  Le respondí que las especies han sido y son “constructos”, pero constructos concretos y reales que existen en cada momento y que ya existían antes de que hubiese hombres.  (ver)

Otro me dijo que “la especie Hombre no existe como un “algo” capaz de funcionar como un sistema ordenado. Un “algo” que comprenda a todos los hombres y pueda tener el objetivo de supervivir y el imperativo de intentarlo”. Le respondí que nuestra especie, como todas las especies biológicas, funciona como un sistema complejo: con un objetivo básico y una programación en todos sus individuos con las normas sobre sus comportamientos, tanto permanentes como contingentes, en función de sus circunstancias y las de sus entornos. Con variantes si existen distintas poblaciones genéticas y culturales.  Y con distintos grados de libertad grupal e individual según sus “naturalezas” físicas y culturales. Y así han funcionado, exitosamente hasta ahora, las más de dos millones de especies conocidas existentes hoy. (ver)

También tuve que aclarar que el objetivo de supervivir, y el mandato de intentar conseguirlo, existen aunque la especie fracase y se extinga. Y también existe el mandato si, para que supervivan sus organismos, la especie se convierte en otra u otras: otra u otras que tendrán también el mandato de supervivir.

La discusión sobre el concepto de especie está muy de moda entre los filósofos de la ciencia y me han planteado bastantes dudas. Creo que he respondido a todas ellas satisfactoriamente, aunque es muy difícil cambiar las ideas en vigor, sobre todo si los cambios proceden de un amateur. Me ayudó la lectura de Ernst Mayr, ya citado, y de Dobzhansky [3] y Gould [4], que consideran a las especies como sujetos evolutivos. (ver en Biólogos)

En cualquier caso, es claro que son los organismos individuales (los jugadores), quienes tienen la finalidad y la tarea de que su especie sobreviva. Aunque no lo sepan. En principio ese es el sentido de su vida. Y para eso vienen al mundo, aunque luego no hagan nada positivo, o incluso sean perjudiciales para el objetivo básico. Salvo errores de programación o de otro tipo, cada organismo individual tiene implícita la finalidad de que su especie sobreviva y la información básica para intentarlo.

Esta idea es también elemental y obvia para quien observe el comportamiento de los seres vivos que nos rodean, incluidos los humanos. Y tampoco está dicha ni usada por los sabios. Creo que no han reparado en ella o en su importancia. Me hizo mucha ilusión verla escrita por dos importantes biólogos: Jacques Monod, premio Nobel [5] y Natalia López-Moratalla, catedrática de Bioquímica y Biología molecular [6]. Una joven bióloga, Evelyn Segura, también vio la idea y la conveniencia de estudiarla [7] (Ver)

Por mi parte creo que los filósofos no han visto, o no han dado importancia a esta idea, por varias razones. La más importante es que, desde los griegos, los filósofos se han ocupado y ocupan del espíritu. El cuerpo no les preocupa. Cuentan con él. Kant dice textualmente que nuestra especie es inmortal [8] (Ver). La idea de que podemos autodestruirnos es muy reciente. Y los filósofos dejaron el problema a los científicos por las causas dichas y algunas otras.  (Ver causas de no ver)

Los filósofos no consideran a las especies como sujetos y por ello creen que no cabe atribuirles ninguna finalidad. Pecan de antropocentrismo ya que algunos seres vivos crearon las especies biológicas sexuadas, hace ya unos cientos de millones de años, con la clara finalidad de mejorar el modo de evolucionar y mejor adaptarse a sus entornos cambiantes.  El problema de la teleología y las funciones ocupa mucho a los filósofos de la naturaleza, pero sobre todo como conceptos abstractos.

2.- La finalidad

Como hemos dicho, la finalidad u objetivo de los seres vivos es la supervivencia de sus especies. Posiblemente como medio para que la Vida como proceso permanezca en el tiempo. Aunque no sepamos cuál sea, ni si existe, una finalidad “final” para la Vida en general. Tampoco sabemos si nuestra especie en particular tiene algún otro objetivo.

Estas cuestiones son muy amplias. Además de lo ya dicho, trato de enunciar lo que más afecta a nuestra idea y las dudas más significativas que me han planteado:

Un amable biólogo, profesor emérito de la universidad de Washington, me dijo que el objetivo de los seres vivos no es la supervivencia sino la reproducción [9]. Le respondí que la reproducción es el objetivo de los organismos individuales para intentar el fin u objetivo “superior” de la supervivencia de su especie. (ver). Todas las especies intentan que sus organismos se reproduzcan, pero iterativamente, procurando a la vez que su prole sobreviva y tenga la mayor capacidad reproductora de organismos “mejores”: Desde los salmones que mueren con sus miles de huevos dejados a su suerte, a los pingüinos con sus hijos únicos cuidados durante meses.

Vemos que el objetivo de supervivencia de las especies biológicas sexuadas, como la nuestra, puede traducirse para sus organismos individuales en dos objetivos básicos que, como es obvio, están inscritos en la programación individual de cada organismo en el lenguaje propio de cada especie:

a). Vivir: lo suficiente para cumplir su parte en el sistema reproductivo de su especie.

b). Reproducirse: directamente, o ayudar a quienes lo hagan, para que su siguiente generación pueda hacer lo mismo. Y mejorando en lo posible sus capacidades.

Los individuos y grupos de cada especie han ido desarrollando y asumiendo en su información genética, epigenética y cultural, distintas capacidades y normas para intentar cumplir estos objetivos. También los humanos, quienes, además de estas tres dimensiones, tenemos posiblemente una cuarta, exclusivamente humana: la herencia simbólica, más espiritual, según las biólogas Eva Jablonka y Marion Lamb [10]

Estoy escribiendo esta carta porque los seres humanos aún no han asumido, de forma expresa y pública, el objetivo básico de supervivencia de la especie. Y han actuado con los fines u objetivos individuales de vivir y reproducirse.  Con los comportamientos y normas grupales que, en cada momento, han creído mejores para conseguirlos. Ahora también. La humana es una especie social con muchas y crecientes capacidades. Y las personas que la han compuesto han tratado de formar grupos lo más cohesionados, fuertes y grandes posibles. Esta capacidad social humana ha hecho posible el enorme éxito reproductivo de nuestra especie/familia.

El problema consiste en que se han producido varios efectos morcilla. Llamo efecto morcilla a lo que suele suceder cuando se trabaja por grupos y con objetivos parciales. Los grupos que consiguen el éxito suele ser en detrimento de otros grupos. Y si unos y otros trabajan con objetivos parciales, el éxito en alguno o varios objetivos parciales suele ser en detrimento de otros objetivos. Ocurre como en las morcillas: cuando se aprieta en uno o en varios lados salen bultos en otro u otros. Y si se aprieta mucho la morcilla se rompe.

En nuestro caso, el objetivo básico de supervivencia de la especie se ha conseguido, sin verlo, pasando de grupos pequeños, familias, clanes, tribus…, a las grandes uniones políticas y poblacionales de hoy: China, India, USA, Rusia, …, que conviven con otros casi doscientos países de diferentes tamaños y circunstancias. Y actuando grupalmente los seres humanos han conseguido el enorme éxito de llegar a los casi 8.000 millones de personas actuales y dominar la Tierra. Aunque con algunos graves efectos morcilla

Para intentar conseguir los objetivos de vivir y reproducirse, las relaciones individuales y grupales con otros seres, de la misma o diferente especie, pueden ser de ayuda y colaboración o de competencia. La colaboración puede ir del amor maternofilial al trabajo retribuido o esclavo. Y desde la unión de Estados (el e pluribus unum de USA) a los tratados comerciales internacionales. La competencia individual puede ir, desde los concursos para un puesto de trabajo, hasta el robo con violencia y muerte. Y la grupal, desde el dumping comercial, hasta la guerra para ocupar el territorio del otro.

Para ese convivir y competir los humanos hemos desarrollado, como fines parciales, muy variadas capacidades, virtudes y valores individuales y sociales. Entre ellas se pueden citar: aptitudes físicas, inteligencias varias, valor, laboriosidad, cooperación, honradez, solidaridad, … Y  entre las sociales: justicia, paz, fraternidad, colaboración, cohesión grupal, patriotismo…  Cada lector puede añadir distintas virtudes, valores y capacidades ejercidas en los distintos tiempos, lugares y culturas.

Por parte de los filósofos aún no han podido descubrir qué es lo Bueno, cuál es el objetivo o Bien prioritario a intentar conseguir por los humanos. Siguen en vigor las tres doctrinas principales que, por orden de antigüedad, dicen que el Bien a intentar conseguir es:

a).  La felicidad individual, que Aristóteles iguala con la de la ciudad platónica. Y que se consigue con la práctica de las virtudes, o mejor siendo virtuoso toda la vida.[11]

b). El eudemonismo o perfeccionamiento moral de Kant que se intenta conseguir con buena voluntad. El imperativo es hacer lo que pueda convertirse en ley universal [12]

c). El mayor bienestar del mayor número de personas de los utilitaristas.

Estos Fines o Bienes son buenos, pero parciales e inconcretos:

. No se sabe en qué consiste la felicidad aristotélica, ni cuáles y cómo son sus virtudes.

. No se sabe en qué consiste el eudemonismo, ni el imperativo categórico kantiano.

. Tampoco se sabe en qué consiste el bienestar utilitarista ni cómo se debe repartir.

Pero, a pesar de las parcialidades e indefiniciones anteriores, parece que con estas doctrinas filosóficas, más las variadas sabidurías y creencias de otras culturas, nuestra especie humanidad ha tenido éxito hasta ahora en su objetivo de supervivir. Pero con muchos problemas por los efectos morcilla: sigue habiendo enormes desigualdades, mucha penuria en cientos de millones de personas, y una sensación creciente de desasosiego por falta de rumbo. Y sobre todo existe el riesgo de autodestrucción: a corto plazo por el uso de grandes armas, y a medio plazo por degradación del entorno.

Es un error frecuente tomar por prioritarios o finales a los buenos y necesarios fines u objetivos parciales. Los buenos objetivos parciales, tanto comunes de toda la especie como grupales o individuales, son los que contribuyen al objetivo de rango superior o prioritario. Que, generalmente, no está programado por los individuos. Y desde luego es desconocido por los seres humanos. Aunque lo intentan sin saberlo al actuar de acuerdo con sus buenos instintos básicos y sus buenas normas parciales. Les ocurre como a Monsieur Jourdain, el burgués de Molière, que hablaba en prosa sin saberlo.

En resumen, la finalidad de que sus especies supervivan supone un mandamiento vital para todos los seres vivos. Incluidos los virus que no se consideran seres vivos plenos.

Es posible que el conocimiento y asunción del objetivo básico no resuelva todos los problemas actuales, tanto teóricos como prácticos, pero ayudaría mucho si lo viesen y asumiesen algunas personas influyentes: sabios y líderes, laicos y religiosos. Y creo que es indispensable para que, si sobrevive, nuestra humanidad cambie su estilo de vida.

3.- El mandamiento

Parece que si todas las especies tienen un comportamiento común y universal que les hace intentar supervivir, debe existir un mandato para ello en la programación de los seres vivos que las componen.  Esta idea está desarrollada en las páginas 18 a 23 de “Supervivir amando”.  Resumo lo más significativo y añado algunas dudas planteadas y mis respuestas.

En primer lugar, señalo que la idea del mandato no gusta a nadie: ni a los creyentes ni a los no creyentes. Los creyentes, de entrada y sin pensarlo, no ven bien que exista un mandamiento “natural” compartido con los otros seres vivos, que nos diga cual es la finalidad de nuestra vida. Y a los no creyentes, tanto materialistas como espiritualistas, no les gusta que haya un mandante ajeno, sea un Dios o la Naturaleza, que nos diga qué es lo Bueno. Y que, además, nos diga que nuestro deber es intentar conseguirlo.

Por este mal recibimiento inicial, estuve doce años sin atreverme a decir mis ideas: por si eran heterodoxas para la Iglesia o para los filósofos y científicos. Después de mucho leer y algo de hablar y escuchar, vi que mis propuestas no solo son ortodoxas, sino que fundamentan lo que dice la Iglesia y las otras religiones del Libro. Y que los sabios han dado y dan por supuesto el objetivo básico y el mandato vital. Y que han contado con estas leyes, y las han usado, pero sin explicitarlas.  Amplio estas ideas:

La Iglesia asegura que existe una ley natural, impresa en todas las personas, que dicen a cada uno lo que es bueno y malo y le iluminan sobre lo que tiene que hacer. Y dice que la Iglesia no tiene el monopolio de la interpretación de esta ley natural [13]. Por otra parte, y para todas las religiones basadas en la Biblia, el mandato para animales y hombres está claro en Génesis 1.22. y 1.27-28. Dice Dios los días 5º y 6º: “Creced y multiplicaos y llenad la tierra”.  Y a los hombres les encarga, además, que cuiden de lo creado.  (Ver en Religiones).

En cuanto a los filósofos, especialmente desde Kant y los Ilustrados, piensan que el Hombre, con su razón, puede y debe llegar a saber lo que tiene que hacer. Es conocida la frase de Kant: “el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí”.  Y Hume confirma que el Hombre tiene un “sentimiento moral” que le dice lo que tiene que hacer.[14] (Ver Hume)

Mi idea está de acuerdo con todos: con la Iglesia, con la Biblia, con Kant, con Hume y con todos los filósofos racionalistas: la idea básica forma parte de la ley natural, confirma al Génesis y puede alcanzarse con la razón humana (yo lo he hecho). Y es la concreción del imperativo categórico de Kant y del sentido moral de Hume.

Los científicos no se suelen plantear las causas primeras. Como mucho piensan en las cercanas y se arreglan como pueden cuando tienen que “filosofar” para sus trabajos. No entran en las disputas sobre las causas finales ni sobre el posible “mandante”.  En cuanto a métodos filosóficos a usar en ciencia, Mayr da la razón a Feyerabend cuando este asegura que “aquí vale todo”. Son los “filósofos de compañía” quienes tratan de contextualizar los descubrimientos científicos a medida que estos se producen. El mayor ejemplo que recuerdo es el de Michael Ruse con E.O. Wilson y sus trabajos (de ambos) sobre sociobiología [15] y [16]. Creo que Ruse es el filósofo que más cerca estuvo de ver la idea básica. Ver también en Supervivir págs. 195 a 216.

Intento aclarar más este concepto del mandamiento vital prioritario, citando algunas ideas expuestas en las páginas 18 a 23 de Supervivir amando y que también responden a algunas dudas y objeciones que me han planteado estos años:

. No es un instinto. Los instintos son instrumentos.

. Tampoco es la fuerza o élan vital de Bergson y los vitalistas.

. Es una orden, una parte básica de la ley natural primigenia.

. No es un fin en sí mismo. El objetivo es supervivir. El mandato es intentarlo. El mandato se cumple viviendo, aunque el fin no se consiga.

. No hay falacia naturalista. El ser es vivir el deber ser es intentar cumplir el mandato.

. Es un deber prioritario e inexcusable. Precede a los demás en tiempo y orden.

. Es permanente en el tiempo. No se extingue, aunque no se vea o esté oculto por los objetivos parciales y el predominio de lo individual sobre la especie. Ver Damásio.[17]

. Está implícito en la información básica de los seres vivos.

. Es asimilable a un encargo que cada ser vivo tiene por existir como ser vivo.

. También es comparable al testigo que se recibe y entrega en las carreras de relevos.

Y, en cualquier caso, si a alguien no le gusta que exista un mandato puede suprimirlo. Pero de alguna manera existe una ley que dice que la finalidad de los seres vivos y de sus especies es que el proceso vital continúe, es decir que la Vida perviva: “a pesar del tiempo y las dificultades” (DRAE). Y los seres son para aquello por lo que son.

Un ser humano ejerce de ser humano con sólo vivir. Pero vive como una persona humana “moral” si, en su vivir, tiene en cuenta a su conciencia. En su conciencia individual están las cuatro dimensiones heredadas (genética, epigenética, cultural y posible simbólica) más las normas éticas de sus entornos (vividos y actual). El problema es que el mandato vital está en la información genética pero normalmente está “tapado” por los objetivos de vivir y supervivir individuales y las normas para intentar conseguirlos.  Como sabemos, el mandato vital tampoco está manifiesto de forma explícita en su entorno ni en las normas morales de ningún grupo de sus entornos.  Esta idea plantea una cuestión al margen que creo muy importante.

4.- Un salto en la evolución humana.

Como hemos dicho, los seres humanos han sobrevivido hasta ahora obedeciendo el mandato de supervivencia de la especie sin verlo ni saberlo, o al menos sin hacerlo explícito como objetivo prioritario. Es decir, han conseguido supervivir con objetivos y normas individuales y grupales. Igual que el resto de los seres vivos. Y con estrategias parecidas a las de muchas especies biológicas sociales. Contando, los humanos, con sus enormes y crecientes capacidades de inteligencia, comunicación, de relación social, … Y con leyes y normas de comportamiento explícitas para los individuos y sus grupos.

Hasta hace pocos años no se pensaba en el conjunto de la especie o Humanidad como sujeto de nada. En el siglo pasado, y especialmente desde la segunda guerra mundial, los líderes mundiales se dan cuenta de la necesidad de hacer políticas mundiales. Y se crea la ONU, la Carta de Derechos Humanos… Y se va desarrollando una conciencia creciente de globalización, con objetivos todavía parciales de alcance mundial: la paz, las relaciones comerciales y de comunicación, los objetivos recogidos en la actual agenda 2030, la Organización mundial de la salud, … Pero sin enunciar el objetivo vital y prioritario de la supervivencia de la especie ni el mandato imperativo de intentarlo.

Por ese no ver ni asumir la finalidad de la especie/humanidad, ni el mandato vital de intentar cumplirlo, no existe un principio ético universal. Ni normas morales y legales globales que tengan como objetivo expreso y prioritario la supervivencia de la especie.

El conocimiento y uso de la idea básica a nivel mundial serviría para desarrollar una nueva conciencia de especie, que elevaría a nuestra humanidad a un nivel superior en el proceso evolutivo en el que estamos como seres vivos. Y haciéndonos con ello más diferentes, como especie, del resto de las especies existentes. Siguiendo el proceso iniciado cuando la conciencia individual nos hizo diferentes de los otros seres vivos individuales. Nuestra especie sería la única, capaz de verse y actuar, como sujeto consciente de sí misma y de su deber de supervivencia.

Naturalmente, para este salto parece conveniente un Organismo, o un sistema expreso, que tenga y ejerza la representación de la humanidad para asumir el objetivo básico y para gestionar, permanentemente, el modo de conseguirlo.  Y para tratar de contestar mejor, como especie Hombre/sujeto, a las tres preguntas de Kant: “¿qué puedo saber? ¿qué debo hacer?  y ¿qué me es permitido esperar? “[18]. Y contestar también a otras muchas interrogantes planteadas para las que se necesita tiempo de pervivencia y crecimiento de las capacidades y saberes.

Esta “subida de nivel” de la humanidad en el proceso evolutivo es paso obligado para el desarrollo de la noosfera de Vernadski y Teilhard.  Ahora somos, vitalmente, una especie “especial” de una biosfera que compartimos con el resto de los seres vivos. La asunción de la humanidad como sujeto consciente del deber de supervivir, supondrá que estaremos solos en este nuevo nivel, como una especie o “familia” claramente distinta de las demás especies.

Y la “nueva” humanidad tendrá que asumir, como sujeto, la tarea de usar y desarrollar esta nueva conciencia en sus dos acepciones: como percepción de sí misma y de su entorno (consciousness) y como elemento para juzgar moralmente las acciones y omisiones que afecten al objetivo vital prioritario (conscience). Sería avanzar en la noosfera de Teilhard. [19]

En cualquier caso, la asunción y utilización de la idea básica serán imprescindibles para seguir intentando la supervivencia de la especie: en su forma actual o con los cambios que sean necesarios y posibles en cada momento. Es de esperar que mientras pervivan los humanos, o sus posibles descendientes, irán sabiendo más cosas que respondan a las preguntas kantianas. Y como se ha hecho hasta ahora, deberán intentar supervivir: hasta nueva orden.

  1. El altruismo amplio. Segundo mandamiento.

(Págs. 40 a 54 de Supervivir amando)

El término altruismo es polisémico, pero con algunas variantes se suele utilizar según lo define el diccionario de la Real Academia: “diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio”. Por mi parte, y a falta de otro mejor, utilizo el concepto de altruismo amplio para incluir en él todo lo que se hace u omite que sea bueno para otro u otros. Y que, normalmente, es también bueno para el objetivo básico. Y este altruismo es siempre interesado porque siempre es recompensado.

Amplío lo anterior. 

a). Un resumen previo:

Contenido del altruismo amplio: trabajar, estudiar, comerciar, enseñar, …. Sea cual sea la motivación (retribuido, recíproco, gratuito, oneroso, puro). Incluye todas las virtudes sociales: cooperación, solidaridad, honradez, justicia, … Y las que nos hacen mejores para nosotros y para los demás: más sanos, sabios, santos, solventes, alegres…: y las de austeridad, prudencia, fortaleza, caridad, sabiduría, laboriosidad, …

Función. Otra importante idea es que el altruismo solamente se entiende, vitalmente, como medio para la supervivencia de las especies. El altruismo es la estrategia más eficiente y eficaz adoptada por las especies sociales para intentar la supervivencia de sus individuos y de la especie. Dicho de otra manera, alguna forma de altruismo es buena e imprescindible para la supervivencia de las especies sociales.

Utilidad. De acuerdo con lo anterior, el altruismo es un elemento, interesado, que utilizan los individuos sociales como medio para pervivir, reproducirse iterativamente, y mejorar su bienestar y el de su grupo.

Desarrollo estas ideas y es importante tener en cuenta que, con ellas, los términos altruismo y egoísmo cambian el significado que habitualmente se les asigna.

b). Distintos conceptos de altruismo

En general, hasta ahora, se consideran altruistas las acciones u omisiones que benefician a otro u otros, gratuitamente o aun a costa del bien del altruista. Algunas acepciones:

RAE: 1. Diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio. // 2.  Ecol. Fenómeno por el que algunos genes o individuos de la misma especie benefician a otros a costa de sí mismos.

El María Moliner es más expresivo. Dice, refiriéndose al altruismo humano:

Altruismo: Inclinación a preocuparse del bien ajeno y dedicarle sacrificios o esfuerzos: Abnegación, caridad, desinterés, desprendimiento, filantropía, generosidad, olvido de sí mismo, quijotismo, renunciación.

En el de sinónimos del Espasa:  Abnegación, acogimiento, beneficencia, benevolencia, caridad, civismo, desinterés, desprendimiento, filantropía, generosidad, graciosidad, hidalguía, holocausto, hospitalidad, humanidad, liberalidad, limosna, piedad, quijotada, quijotismo, sacrificio.  Y como antónimos: egoísmo y sordidez. También parece que se refiere al altruismo humano.

Por distintas personas se han dicho y practicado distintas acepciones de altruismo:

. La simpatía (sympathy) de Darwin [20]

. La colaboración y cooperación de John Hands [21]

. La ayuda mutua de Kropotkin [22]

. El sentido de responsabilidad de Hans Jonas [23]

. El amor universal de Edgar Morin [24]

. El cerebro altruista de Donald W. Pfaff [25]

. La revolución generosa de Stefan Klein [26]

. El ama y haz lo que quieras de San Agustín

. El amor universal del Bhagavad Gita

. El cuidar lo creado del Génesis

. El mandato de amarnos de Jesús de Nazaret

. Las vidas de los santos, creyentes y no creyentes.

. El enorme altruismo de las vidas normales de todas las personas normales.

. El altruismo de grupos, con grupos de la misma especie.

. El altruismo de individuos y grupos, con individuos y grupos de distintas especies

. …

c). Tipos de altruismo.

De forma resumida se pueden distinguir tres tipos principales de altruismo:

.  El altruismo instintivo de los himenópteros. Estudiado por E. O. Wilson [16]

.  El altruismo recíproco, inmediato o diferido. De Robert Trives [27]

.  El altruismo humano: Acepciones citadas del DRAE, María Moliner, del Espasa…

.  Y un posible altruismo de todos los seres vivos, incluso unicelulares, como elemento presente en sus modos de reproducción. Lo cita John Hands [21] Y yo mismo en las págs. 44 de Supervivir amando y 73 de Supervivir. (Ver Libros) 

. También es altruismo el amor y el cuidado de uno mismo. Para, con ello, ser más sano, más sabio, y más santo. Yo añado otras dos eses a las tres de mi paisano Gracián: más solvente (más rico) y más sonriente (más alegre). Para poder dar más a los demás; y quererlos como a uno mismo: mucho si nos queremos mucho y poco si al contrario.

d). Motivación:  Mi concepto incluye todas las motivaciones:

La primera es la inclinación o mandato natural. Es decir, la orden o recomendación genética, epigenética y cultural que cada individuo de cada especie y grupo tienen implícita, en cada momento y circunstancia, en su programación vital. En el hombre, el sentido moral o parte de la ley natural que ilumina su conciencia moral.

Otras motivaciones: las que proceden del juicio o razón de cada individuo en cada caso: retribución material o inmaterial, inmediata o futura, incremento del aprecio social, autosatisfacción, …

Y las motivaciones externas derivadas del cumplimiento de las leyes, normas, usos, mandamientos, … de los grupos y colectivos a los que pertenezca cada sujeto.

e). Altruismo vs. egoísmo.

El altruismo es siempre interesado y retribuido. Por ello, los sabios y los santos son los más altruistas. Y los más interesados. Porque siendo altruistas son felices en esta vida y en la otra si existe. Amplío lo anterior:

Dejando aparte el posible altruismo instintivo de los seres vivos unicelulares u otros de vida individual, el altruismo que ahora consideramos se ejerce socialmente. Y sus formas, tanto implícitas como explícitas, se establecen por cada especie y sus grupos.

Por ello no tiene sentido hablar del “altruismo individual”. Todo altruismo es altruismo grupal, es decir, se ejerce dentro de los distintos grupos a los que cada individuo pertenece: familia, grupo de convivencia, de caza, de defensa, de trabajo, de juegos, …

De ahí el error de Wilson y su gen egoísta/altruista. El sujeto altruista es un organismo individual o un grupo. No los genes. Y las normas implícitas y explícitas de lo que son actos altruistas son de los organismos individuales o grupales. Que son quienes las ejercen. Los genes son sujetos beneficiarios del altruismo de los organismos.

En puridad, el altruismo es la forma inteligente de ser egoísta. Dicho de otra forma:

f). El imperativo vital y el altruismo.

Como he dicho, creo que el altruismo, cualquier forma de altruismo, solamente se entiende si se encaja dentro del imperativo vital, implícito en todos los seres vivos, de intentar la supervivencia de su especie.

Para este intentar supervivir, cada especie ha desarrollado sus propias estrategias. Y en las especies sociales, tanto para la supervivencia de la especie como para la de sus individuos, es imprescindible algún tipo de altruismo: instintivo, recíproco, oneroso, …

Las estrategias altruistas de cada especie y sus grupos están implícitas en cada uno de sus individuos.  Junto a otras estrategias que incluyen la competición y la lucha.  En cada especie, grupo e individuo, existen el imperativo vital universal y prioritario de la supervivencia de la especie y las estrategias para intentarlo que, simplificando, son de dos tipos: la colaboración/altruismo y la competencia/lucha.  Cada especie, grupo e individuo actúan en cada momento según su programación genética, epigenética y cultural y según sus características, sus circunstancias y su grado de libertad.

Los grupos y especies más altruistas tienen mayores posibilidades de supervivir. Y de dominar a los menos altruistas intragrupo. Ejemplo: hormigas, abejas, hombres… Y también, como es lógico, en grupos altruistas los individuos son más felices y pueden cumplir mejor su imperativo vital.

Y cada especie y grupo debe incorporar y actualizar sus normas de comportamiento según las circunstancias propias y de su entorno en cada momento (pasado, actual y previsible). Intentando que sean las mejores para su bienestar y supervivencia. Adaptándose al entorno o modificándolo en lo que pueda.

g). Aplicaciones y aparentes contradicciones

Una de las confusiones más frecuentes se produce por considerar como objetivo vital y prioritario de los seres humanos alguno de los objetivos parciales: su supervivencia individual, o su bienestar, o su felicidad, o la paz, o la justicia, o la libertad, …  U otros  bienes parciales para los individuos o sus grupos.

Por la idea básica sabemos que el objetivo vital implícito en todos los individuos es la supervivencia de la especie. Y cada acto tenderá a ser internamente valorado y juzgado como bueno y altruista si beneficia a otro u otros individuos del mismo grupo y especie, incluido el propio sujeto altruista en cuanto miembro del grupo y de la especie. Y eso sin que los sujetos “sepan” explícitamente cual es su objetivo vital.

Estas normas incluyen procurar la propia supervivencia y la del grupo ya que ambos entes se suponen “buenos y mejores que otros” para el objetivo vital. Por ello tanto los individuos como el grupo son básicamente egoístas. Es decir, tratarán de hacer lo que crean bueno/mejor para ellos. Aun a costa de los demás. Y ese comportamiento egoísta con los otros es totalmente altruista con el grupo propio. Y se supone que con la especie a la que representan.

Cada sujeto tiene dos “personalidades”: Una como miembro de la especie a que pertenece y otra como individuo diferenciado. Los seres humanos tienen como bien prioritario el objetivo vital; y las normas para intentarlo son las que ha heredado y las que ha adquirido de su grupo.  Y estas normas, en los individuos, tienen un doble aspecto: le impulsan a supervivir individualmente y a colaborar en que su especie se reproduzca iterativamente.  Y para estos dos aspectos puede y debe hacer lo que crea mejor en cada momento: competir/luchar con quien sea y cooperar/amar con y a quien sea.

En este doble mandato debe superar el altruismo al egoísmo. En el caso de las especies sociales y sobre todo en el hombre, sabemos (la especie sabe) que la mejor estrategia para supervivir es la cooperación/altruismo/ amor, grupal. Pero esa difícil estrategia cooperación /altruismo/ amor grupal funciona diferente con los individuos o grupos que el sujeto considera que no son del mismo grupo.

Y luego está la enorme libertad de cada hombre y de la propia especie. Y los errores de juicio por ignorancia o por simple incapacidad de juicio y de prever el futuro.  Con todo ello creo que se pueden explicar los comportamientos individuales y grupales. Que, en muchos casos parecen raros, irracionales o sin sentido.

h). Otros aspectos a considerar

Las dos ideas básicas de supervivencia y altruismo se basan en la observación del comportamiento de las especies sociales. En la parte que pueden compararse con el Hombre. Es decir, en la parte material o biológica.

Sabemos que en el hombre el altruismo tiene formas, contenido y extensión mucho más ricas y amplias que en cualquier otro ser vivo.  Creo que esta mayor capacidad de ser altruista que incluye lo que llamamos el amor puro es, posiblemente, la mayor diferencia entre las “naturalezas” de los humanos y los otros seres vivos.

Habría una posible escala entre: el elemental altruismo de la división celular de las bacterias, el altruismo instintivo de los himenópteros, el altruismo recíproco de los animales sociales “superiores”, y el altruismo/amor del hombre.  Posiblemente en esa escala hay un momento en que aparece el amor puro. El amor que no busca ninguna retribución, ni material ni espiritual. Pero, al menos para mí, ese es un amor inefable.  En mi idea he de quedarme en el altruismo/amor humano. Que, aun en este nivel, es muy superior y posiblemente de diferente naturaleza básica que el del resto de los seres vivos. Pero que tiene la misma naturaleza funcional de ser útil para convivir.  Y  para el bienestar y la supervivencia de los individuos/personas y sus grupos. Y con ello, de la especie/humanidad.

Este altruismo/amor humano se convierte de medio en objetivo cuando el grupo es toda la Humanidad.  Es nuestro mandato implícito, aún no reconocido científicamente ni explícito ni asumido por sabios y políticos. Es el mandamiento de Jesús de amar al prójimo. No se ha resaltado suficientemente, ni de forma operativa, que los prójimos son todos los hombres, actuales y futuros. No solamente los próximos.  Jesús también lo dijo: son prójimos todos, amigos y enemigos, judíos y griegos.

Y posiblemente, como digo en otra parte, el desarrollo, mundialización, e incremento del amor humano, además de contribuir al bienestar y la supervivencia de la especie, sea el camino para avanzar, si el Hombre aguanta, hacia el Amor pleno de Teilhard de Chardin en el punto Omega. Pero esa es otra cuestión.

C.- Cosas a hacer

(Para ver nota en la web sobre Tareas y Cosas a hacer pinchar aquí)

Ya sabemos ahora que la finalidad de nuestra especie/humanidad es supervivir. Y que el sentido de nuestra vida como seres vivos humanos es cooperar para  esa finalidad. También sabemos que lo mejor para ello es ser altruistas, colaborando con el resto de las personas humanas. Se trata ahora de pensar en las posibles cosas a hacer.

Cuando digo que “ya sabemos” me refiero a mí mismo y a unas pocas personas más, entre las que incluyo a quienes lean esto. Por ello, parece que lo primero a intentar es que estas ideas sean conocidas lo antes posible por el mayor número de personas. Y a ser posible por personas que quieran difundirlas y utilizarlas hasta que sean conocidas y usadas por la mayor parte de la humanidad. Calculo que este proceso global puede llevar entre 20 y 50 años. Si en ese tiempo sigue habiendo humanos. Parece largo pero el tiempo pasa rápido y se pueden obtener resultados importantes desde el principio. Por eso, cuanto antes se empiece mejor.  (Ver texto sobre Presente y futuro humanos)

A continuación resumo lo que pueden hacer los sabios.

Tareas para pensadores

Dice Mayr que: “Los no científicos tienden a suponer ingenuamente que cuando se propone una nueva explicación o teoría científica, se acepta sin tardanza. En realidad, en muy pocos casos ha ocurrido…” y luego: “Muchos trabajos importantes pasan inadvertidos, a veces por completo, por haber sido publicados en idiomas europeos occidentales distintos del inglés” [28]. He publicado una versión inglesa del Supervivir amando. (Ver) Y creo que Ortega dice también tres cosas que cito de memoria: algo sobre la tardanza de años en “ver” las ideas nuevas, algo sobre que sólo se ve lo que se sabe y se mira; y algo sobre que, para ser vistas y entendidas, las ideas nuevas necesitan que el entorno y el ambiente sean propicios. También es aplicable la parábola de las semillas que caen en buena y mala tierra.

Intuyo que el empeoramiento del ambiente de nuestra humanidad facilitará que, más pronto que tarde, estas ideas se vean y asuman: dichas por mí o dichas por otros.

Estas ideas no están contrastadas y difundidas públicamente por sabios con autoridad para ello. La no pertenencia al mundo académico dificulta mi relación con los expertos que podrían mirar, ver y juzgar mis proposiciones. Los muy pocos a quienes he podido acceder tienen mucho trabajo. Y supongo que lo que ven en una primera ojeada no les motiva para dedicar tiempo a unas ideas planteadas por un aficionado. Y que, además, les obligarían a cambiar muchos de sus paradigmas.

Me dicen que es más probable que los jóvenes investigadores les puedan dedicar más atención, pero como no son famosos no los conozco. Los pocos a quienes he llegado, tanto filósofos como biólogos, también están muy ocupados o son especialistas en algo de lo que rodea a mis ideas y tratan solamente de lo que saben y les interesa. Y pronto abandonan en cuanto ven la amplitud y complejidad real de mis propuestas.

Pido a los sabios que lean esto, tanto jóvenes como mayores, que intenten mirar y ver mis ideas y me digan su opinión. O si conocen a alguien que pudiera hacerlo. Por mi parte estaría encantado de patrocinar los trabajos de una o varias personas capaces que dediquen algún tiempo a contrastar estas ideas y publicar el resultado.

Naturalmente también me dirijo a los gestores de universidades y fundaciones. Y a los directivos de los entes y organismos públicos y privados que se dediquen a pensar en estas cuestiones relacionadas con el bienestar y el gobierno de la humanidad y sus grupos. Tanto laicos como religiosos, ecologistas, humanistas, “think tanks”,… Pueden escribirme y buscaríamos fórmulas de colaboración.

Gracias por llegar hasta aquí. J. Corral

Referencias

[0] Corral Lope, José:

. Supervivir. Ideas para una ética universal. Madrid, Letras de Autor 2015

. Supervivir amando. Un principio ético universal. Madrid, Letras de Autor, 2016

[1] Arana, Juan: Los sótanos del universo. Madrid. Biblioteca Nueva, 2012. Pág.263

[2] Mayr, Ernst: (1995) Así es la biología. Barcelona. Peguin Debate, 2016. Pág.147

[3] Dobzhansky, Theodosius: y otros (1977) Evolución. Barcelona. Omega, 2009.

[4] Gould, Stephen: La estructura de la teoría de la evolución. Barcelona.Tusquets 2004.

[5] Monod, Jacques: El azar y la necesidad, Paris, Seuil, 1970

[6] López- Moratalla, Natalia:

     . Cuestiones acerca de la evolución humana. Pamplona. EUNSA, 2008

     . Inteligencia artificial ¿Conciencia artificial? Madrid. Digital Reasons, 2017.

[7] Segura, Evelyn: Adaptarse o morir. Barcelona. Paidós, 2019.

[8] Kant, Enmanuel: Filosofía de la historia. México D.F. Fondo de C.E. 1941

[9] Barash, David PCorrespondencia particular

[10] Sequeiros, Leandro: Nuevas perspectivas de la evolución: Eva Jablonka y Marion Lamb. Málaga, Bubok, 2022

[11] Aristóteles, Ética a Nicómaco. Madrid, Gredos, 2014.

[12] Kant, E. Filosofía de la historia. México. Fondo de Cultu­ra Económica.1941.

[13]Trigo, Tomás (ed): En busca de una ética univer­sal: un nuevo modo de ver la ley natural. Documento de la Comisión Teológica Internacional y comenta­rios. Pamplona, EUNSA. 2010.

[14]Hume, David; Investigación sobre los principios de la moral. Madrid, Alianza, 2014

[15] Ruse, Michael: Une défense de l`éthique évolucioniste. En Fondements Naturels de L´Etique de J-P  Changeux. Paris, Odile Jacob, 1993

Tomándose a Darwin en serio. Barcelona, Salvat, 1994

-(2001): ¿Puede un darwinista ser cristiano? Madrid, Siglo XXI, 2007

Charles Darwin. Madrid, Katz Editores, 2008.

[16] Wilson, Edward O. (2012): La conquista social de la tierra. Barcelona, Debate, 2012.

El futuro de la vida. Barcelona, Galaxia Gutemberg, 2002.

[17] Damasio, Antonio (2010): Y el cerebro creó al hombre. Barcelona, Ed. Destino, 2013.

-(1994) El error de Descartes. Barcelona, Editorial Crítica, 2006

[18] Kant, Emmanuel:

-Crítica de la razón pura. Madrid, Librería Bergua, 1934. Pág. 354- 2º Tomo

[19] Teilhard de Chardin (1965): Ciencia y Cristo. Madrid, Taurus, 1968.

.(1955) El fenómeno humano. Madrid, Taurus, 1965.

[20] Darwin, Charles: El origen del hombre. Madrid. Editorial Edaf, 9ª edición 2009.

[21] Hands, John (2015): Cosmosapiens.  Madrid, La esfera de los libros, 2017.

[22] Koprotkin, Piotr: Ética. Barcelona, Libros Dogal, 1977.

[23] Jonas, Hans: (1979) El principio de responsabilidad. Barcelona, Herder, 2004.

[24] Morin, Edgar (1965): Introducción a una política del hom­bre. Barcelona, Gedisa, 2002.

-La vía para el futuro de la humanidad. Barcelona. Paidós, 2011.

[25] Pfaff, Donald W. (2015): El cerebro altruista. Barcelona, Herder, 2017

[26] Klein, Stefan (2010): La revolución generosa. Barcelona, Urano, 2011.

[27] Trivers, Robert. Correspondencia personal.

[28] Mayr, Ernst. [2] Ver mi Supervivir amando pág. 13.

[29] Corral, José. Ver mi Supervivir. Pág. 339

[30] Popper, Karl (1961) La miseria del historicismo. Madrid, Alianza, 2008.