Victoria Camps

Victoria Camps  (1941-)

Son las 10.30 del 3 de marzo del 2019.  Esta mañana, de 6 a 8 he terminado de leer y subrayar “La fragilidad de una ética liberal” editado el año pasado por Ediciones UAB de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Compré el libro en Marbella, el 31.3.18, lo ojeé por encima y el día siguiente le envié un correo a Dª. Victoria informándole de  la compra y del ojeo. Y aproveché para enviarle el link de la primera versión de mi página Web recién estrenada. Dª Victoria me contestó muy amable y puntual el día 2.4. agradeciendo mi correo y diciéndome que era la primera persona que le comunicaba la compra de su nuevo libro.

La historia de mis relaciones con Dª Victoria empieza el 20 de marzo del 2017 con el envío por correo postal de un ejemplar de mi “Supervivir amando”. El 21 de agosto del mismo año le envié un correo al que acompañaba la nota de 10 páginas que escribí comentando su excelente “Breve historia de la ética”.  Dª. Victoria me contestó muy amablemente el mismo día acusando recibo a mi librito. Le gustó el título y me dijo que lo tenía entre los libros pendientes de leer.

Por mi parte había encontrado su “Breve historia de la ética” en la FNAC de Marbella el 18.7.17. Lo leí a fondo y el 11 de agosto terminé la nota con los comentarios que le envié el día 21 y que luego incluí en la página Web.  El libro, excelente, me sirvió para tener un resumen de los permanentes intentos de los filósofos por encontrar el fundamento de la ética, desde los sofistas y Sócrates hasta Rawls y los pragmatistas, comunitaristas y republicanos. Y terminando con la ética aplicada de, entre otros: Weber, Ferrater Mora, Adela Cortina y ella misma.

En mi nota de comentarios hice un resumen general sobre las causas por las que todos estos sabios filósofos no habían encontrado mis ideas básicas. Y comenté de forma individual a Platón y Aristóteles. Eran una muestra suficiente. En la página Web he añadido en “Contexto” comentarios recientes a algunos otros.

Con todo, de la lectura de “Breve historia de la ética” y del primer ojeo en marzo del año pasado de “ La fragilidad de una ética liberal” consideré a Dª Victoria como una “profesora de filosofía” más que como una  “filósofa propiamente dicha” según la distinción que ella hace en la página 156 de “La fragilidad…”.  Y a mis efectos peor aún, ya que aún admitiendo que podría ser filósofa propiamente dicha, a mi me interesan los filósofos (y filósofas) que busquen o hayan buscado los fundamentos de la ética o sus alrededores, es decir los “meta-éticos”.  Doña Adela Cortina parece más de esta clase, pero tampoco comenté sus muchos escritos en los que busca las bases de la ética porque, hasta hace poco, actuaba en este campo como profesora de meta-ética, más que como filósofa meta-ética propiamente dicha.

Creo que debo citar aquí, por su cercanía y sus autores, el excelente libro coral “La aventura de la moralidad”  de 2007, que leí en su reimpresión del 2014, en el que participan importantes filósofos españoles recientes:  Carlos Gómez, Dª Victoria Camps, Javier Muguerza, José Mª González, Dª Celia Amorós, Fernando Quesada, Dª Adela Cortina, Jesús Díaz y Dª Amelia Valcárcel.  Todos sus textos son interesantísimos y algunos de ellos se acercan bastante a nuestras hipótesis  pero ninguno las ve con nuestra perspectiva y utilidad.

Volviendo a Dª Victoria, hace unos pocos días, al escribir la bibliografía para la página Web renovada, tuve en mis manos nuevamente “ La fragilidad…” Empecé a leer por el último capítulo: ¿Por qué filosofía? y he terminado hoy de leerlo y acotarlo entero.

Voy a intentar comentar lo que más me ha llamado la atención de lo leído. Creo que Dª Victoria, ejerciendo de filósofa aplicada, no ha tenido más remedio que hacer de meta-ética buscando el fundamento para sus aplicaciones. Porque en su loable intento de aplicar buenas normas éticas, se da cuenta, como todos, del problema de no contar con un principio ético universal que sirva de referencia a las virtudes, los valores, los deberes y las utilidades de las éticas a aplicar. Y que enmarque las normas con las que educar a los ciudadanos  de las distintas culturas.

Escolio: Se me ocurre que en la clasificación de los filósofos en profesores de filosofía  y filósofos puros, habría que distinguir a los filósofos “éticos”. Y a estos, en filósofos de ética aplicada que son los que tienen más trabajo en los últimos años como consultores de los políticos, biólogos, médicos, empresarios, religiones, … y los meta-éticos que ahora, como Dª Adela Cortina,  están tratando de encontrar las bases y fundamentos en el cerebro, en la bioética meta-ética.  Distinta de la importante bioética aplicada que opina sobre el aborto, la eutanasia, la eugenesia, las células madre, las ingenierías biológicas, la llamada inteligencia artificial fuerte…  Fin del escolio. 

Después de estos amplios prolegómenos, paso a citar y comentar algunos de los párrafos que he subrayado de “ La fragilidad…” donde Dª Victoria intenta hacer ética aplicada. Y trata de suplir la falta de fundamentos de sus éticas parciales con las éticas clásicas de las virtudes, del deber y de la utilidad y con sus aplicaciones más recientes.

En la página 9 del prólogo, expone que: “ el tema consiste en poner de manifiesto las insuficiencias y las debilidades de una filosofía moral, una ética, la más apropiada para nuestra época, que solo puede ser adjetivada como “liberal”.  Es una ética liberal porque se funda en el valor casi absoluto de la libertad o autonomía del sujeto”.

En realidad , Dª Victoria trata de buscar las normas éticas que se puedan aplicar a unas ideas políticas que le parecen buenas. Es decir tiene un objetivo o un fin utilitarista a intentar conseguir: una vida mejor para todos. Y busca las éticas, y sus aplicaciones,  que sirvan mejor para este objetivo.  Trabaja como filósofa meta-ética por la necesidad de  “fundamentar” las normas morales que ya tiene.  Esta faceta de buscadora de bases y fundamentos es la que me ha interesado. Ya que es en este punto donde ella ve las insuficiencias y debilidades de la filosofía moral.

Adelantando conclusiones de la lectura de todo el libro,  Dª Victoria no consigue los fundamentos universales que busca y debe contentarse con la adaptación de las éticas clásicas. Si bien “filosofando” como usuaria y utilizadora: como “aplicadora” de las normas “clásicas” que le parecen buenas para las políticas que cree mejores. Pero sin encontrar los fundamentos de esas normas. En realidad ni siquiera los busca en serio porque ya cuenta de antemano con que no los va a encontrar.  Entre otras causas porque, como los ilustrados, no cree que existan principios éticos universales. Y menos establecidos por alguien externo que solamente podría ser un Dios o la Naturaleza. Y ninguna de estas posibilidades son contemplables por los filósofos.

Otra cuestión importante  es la relación entre individuo y grupo, entre universalidad  e individualismo. También aquí ve Dª Victoria que existe un problema difícil de resolver.  Sigo leyendo la excelente y apasionada prosa de Dª. Victoria y copio lo que me parece más significativo para nuestras ideas.

En la página 18 y citando a Kant, dicen ambos con razón: “cada persona puede descubrir en su interior la ley que constituye el núcleo del deber ser moral”. Tienen razón: creo que yo lo he descubierto. Y aunque no he visto que nadie haya explicitado esta base o núcleo del deber ser moral, todas las personas lo tienen en su información o programación genética vital. Pero como he dicho en otra parte es distinto descubrir  el imperativo vital como ley constituyente, que utilizar el término “descubrir” para  el conjunto actualizado de las normas morales acumuladas por herencia y adquiridas en cada sujeto.  Además de la ley constituyente que sería el principio ético universal, en el interior de cada hombre están las leyes de la especie, los reglamentos grupales y los usos y costumbres de cada sujeto.

Y lo que presenta más dudas es la frase siguiente. Dice a continuación de lo anterior: “El individuo puede aspirar, en consecuencia, a prescribir lo universal”.  El verbo prescribir es muy fuerte. Según el DRAE: “Preceptuar, ordenar, determinar algo”. Yo me atrevo a decir que he descubierto el precepto, la orden, o la determinación que, desde nuestro interior,  nos prescribe un principio ético universal, consistente en que debemos hacer lo que sea bueno/mejor para nuestra supervivencia.  Y a partir de ahí ya es posible y más fácil aplicar las éticas parciales  clásicas, u otras,  para intentar conseguir “la vida mejor para todos”, actuales y posibles futuros miembros de nuestra humanidad fraterna. Pero no soy yo quien prescribe nada. Solamente he descubierto o visto la prescripción y lo digo en forma de un principio ético universal. Las normas a aplicar son otra cosa. Creo que, en este nivel vital, lo único que se puede prescribir es el principio ético universal. 

Este principio ético universal está basado en el imperativo vital que da sentido y contenido al vacío imperativo categórico kantiano y a todas las  buenas doctrinas éticas clásicas que Dª. Victoria utiliza para fundamentar sus valores éticos. Valores que parecen buenos para conseguir la buena vida para todos.  Buena vida o bienestar que, como sabemos, facilita la consecución del objetivo vital de supervivir. En cualquier caso las normas éticas son contingentes según los tiempos, las culturas y las circunstancias. Parece que corresponde a los filósofos “prácticos” colaborar en el proceso de “prescripción” de estas normas morales para que se conviertan en usos, costumbres y leyes individuales y grupales. Y universales en lo que sea universalizable.

( ver una idea sobre un posible “Manifiesto vital universal” en la página 339 de Supervivir. Ideas para una ética universal).

En la página 19, siguiendo con Kant, hay una frase que creo merece comentario. Dice: “… la ley moral está inscrita en la razón humana y le dicta al individuo si su comportamiento se ajusta o no al imperativo moral que esa razón enuncia”.   Sin entrar en el concepto de razón,  la ley moral de Kant es una” ley de la libertad”, no es una “ley de la naturaleza” según deja claro en el prólogo de la “Fundamentación de la metafísica de las costumbres”. Y la moral es la parte racional de la ética frente a la parte empírica que sería la antropología práctica.

Con lo anterior quiero decir que Kant y los filósofos buscan el fundamento de la moral en la facultad de juzgar, de discurrir, de los hombres., de cada hombre. Lo cual es cierto una vez que el hombre, cada hombre, ha descubierto el principio ético universal,  el fin u objetivo a conseguir  y el medio para intentarlo.  Que sepamos, hasta ahora nadie lo ha hecho. Nadie ha conseguido “llenar” el imperativo categórico en ninguna de sus varias expresiones.  Para encontrar el principio ético universal ha de aplicarse la metafísica de la naturaleza.  La que está en la “filosofía empírica que arraiga en fundamentos de la experiencia”.  La que Kant deja de lado.

Para fundamentar la ética nos sirven de Kant muchas cosas, entre  otras su buena voluntad y su método para usar la razón, pero la base del fundamento (la ley de supervivencia)  y el medio ( el altruismo) son biológicas y empíricas. Y ni a Kant ni a los filósofos les parece seria y rigurosa la naturaleza y menos lo biológico. Su mundo es el de la razón, facultad esencialmente humana.  Y aciertan, cuando usan la razón para juzgar la moralidad actual y potencial de los actos humanos. Pero no cuando afirman que la ley moral está inscrita en la razón humana. Al menos la base de esta ley está en lo puramente biológico común a todos los seres vivos.

La ley moral “vigente”  inscrita en cada hombre en cada momento está compuesta por el imperativo vital primigenio, más las leyes de la especie y de los distintos grupos o poblaciones genéticas y culturales a que han pertenecido los antepasados de cada hombre. Junto a los reglamentos de los grupos a que ha pertenecido y pertenece cada hombre en el momento en que tiene que comportarse. Y con todo ello debe juzgar su comportamiento según el imperativo moral que su razón enuncia en ese momento y circunstancia. Parece complejo pero es muy sencillo. Ocurre en cada momento. Y es claro que un dictamen positivo ajustado al imperativo moral de cada individuo puede justificar un comportamiento bueno o malo, acertado o erróneo.  Ese es el problema de usar la razón, además de otras facultades,  como medio para decidir y juzgar los actos morales. Además de que las leyes y reglamentos de la especie y de sus grupos, pasados y actuales, pueden no ser las adecuadas para el momento de la decisión. Pero ese es el riesgo y la incertidumbre del vivir individual y grupal.

En la página 28,  Dª Victoria plantea nuevamente el problema cuando dice que: “ ni el universalismo ni el individualismo, los dos signos de la modernidad y del pensamiento liberal, nos sirven como ejes de la ética o la filosofía política que necesitamos…”. Y tiene razón. Los universalismos kantiano y similares son demasiado abstractos y el individualismo parece puro egoísmo frente a la sociedad. Con esos mimbres no parece posible hacer un cesto ético-político que atienda los problemas de nuestro tiempo.

Después de unos días de interrupción en los que he leído parte de “La búsqueda de la felicidad” recién editado en febrero, sigo citando y comentando “La fragilidad….”. 

Con estos problemas y otros que Dª. Victoria comenta citando a Marx, Kant, MacIntyre y Sandel,  prefiere a  Aristóteles  y sus virtudes y termina diciendo en la página 31 que:

“ Pienso que no hay otra salida a la amenaza de relativismo que la propuesta por Norberto Bobbio hace años: la fundamentación de los derechos humanos es la Declaración Universal de Derechos Humanos. Un hito histórico y real. La historia, el saber acumulado y consolidado a través del desarrollo del pensamiento nos da una base, débil hasta cierto punto, pero suficiente para ir avanzando.”

Y  después de decir que no todo es discutible ni negociable, cita a Isaiah Berlin con quien parece estar de acuerdo cuando dice (Berlin):  “ Lo preferible es, como norma general, mantener un  equilibrio precario que impida la aparición de situaciones desesperadas, de alternativas insoportables.”

Las páginas 35 a 52 las dedica a “Etica y política: la justicia”.  En ellas, es conmovedor el esfuerzo de Dª. Victoria para intentar reconciliar la subjetividad con la universalidad,  la libertad con la justicia, los principios abstractos con lo operativo…. A  Habermas con Rawls. Naturalmente queriendo satisfacer los posibles derechos de todos es imposible. 

Al final cita a Mulgan  cuando dice: “ La política deberá moverse más allá del imperativo de la emancipación, base común del socialismo y el liberalismo, hacia cuestiones más difíciles sobre cómo vivir, cuestiones sobre el ser y el fin de la vida que no puede resolver el individuo aislado”. Y  añade Dª Victoria: “ En efecto, por muy libres que  deban ser las opciones de la vida buena, la vida en común exige unas disposiciones y actitudes también comunes”.  ¡¡ Eureka!! :  La palabra clave es “exige”, la exigencia, el deber, la obligación antes que el derecho.  Y la vida en común.

Y termina: “… los cambios y el progreso deben ser cambios destinados a transformar el comportamiento y las actitudes de las personas y a inculcar en ellas el sentido de la ciudadanía”. Acierta. Pero sigue pensando en dirigir por tareas, por lo que se debe hacer. Sigue queriendo inculcar actitudes.   Está bien pero es insuficiente sobre todo cuando se trata de la vida en común de toda la humanidad.

Esta mañana casualmente he vuelto a tener en mis manos un libro de Octavio Gelinier sobre la dirección por objetivos. Creo que es de mediados de los años 60 cuando yo me ocupaba de sistemas en el Departamento de Organización del Banco de Vizcaya. El cambio de dirigir por tareas a dirigir por objetivos fue trascendental. En una década, el Vizcaya, con el Popular, eran los bancos mas eficaces y rentables del mundo.

Las personas ahora se comportan bastante bien trabajando por tareas. Pero les falta tener explícito el objetivo que tienen implícito en su programación genética. Les falta saber  de forma expresa lo que deben intentar conseguir y cómo.  Siendo cada una como es, ella y su circunstancia..  Sabiendo que lo que tienen, desde que nacen, es la obligación de procurar el bien común. Y que tienen el derecho de intentarlo y de ser felices con ello.  Tienen la obligación, por la cuenta que les tiene, de ser buenos ciudadanos.  Y tienen el derecho de que los sabios y los que mandan les permitan y les faciliten vivir y ayudar a vivir a los demás. (Ver en la Web. “Tareas para todos· y  “Algunas ideas para ser bueno y feliz”).

Ahora son las 6 de la mañana del 19.3.19. Escribí lo anterior ayer por la tarde. Hoy me he despertado temprano y desde las cinco he estado releyendo el capítulo dedicado a la nueva ciudadanía. Ocupa desde la página 53 a la 70 y estaba totalmente subrayado y con notas y escolios de mi lectura anterior. Mi problema ahora es escribir algo breve y riguroso que sintetice un comentario global. La otra opción es citar los treinta párrafos subrayados y comentarlos uno a uno. Estoy además en un campo que no es el mío. Mis ideas están en la base y Dª Victoria trabaja, creo que apasionadamente,  buscando la forma de encajar las piezas del complejo rompecabezas que compone la vida real. Y lo maravilloso es que al final acierta. Pero no se queda tranquila.

Lo más resumido que se me ocurre es decirle a Dª Victoria que sus conclusiones son buenas. Parciales pero buenas.  Son parciales porque trabaja, sabiéndolo, para una sociedad compleja y multicultural, con unos objetivos y unos valores predeterminados:  democracia, justicia, bienestar, derechos humanos, libertad, … Digo que es parcial porque aunque resolviese los problemas políticos de esta sociedad o de algunos de sus grupos, le quedarían fuera las muchas sociedades periféricas y grupos transversales  que funcionan con unos valores y objetivos parciales diferentes a los suyos. Y ella lo sabe y lo dice pero no tiene una solución universal concreta. Aunque acierta al decir que la solución, global, es que los hombres, todos los hombres ( y todas las mujeres) sean buenos ciudadanos.  De cualquier sociedad, país o patria.

Y acierta cuando dice en la página 55 que: “ El ciudadano tiene él mismo una serie de obligaciones imprescindibles no solo para una convivencia pacífica y amable, sino para que los mismos derechos lleguen efectivamente a todos los individuos”.  Lo habíamos escrito antes.

Creo que el trabajo de los filósofos debería haber sido,  y debería ser, decir a los hombres ( y a las mujeres) que, como seres vivos sociales que son, tienen de deber o la obligación de hacer, con buena voluntad, lo que sea mejor para la supervivencia y el bienestar de sus prójimos. Y que para ello tienen el derecho de vivir,  a la vez, lo mejor posible. Pero primero tienen la obligación y luego el derecho. Y además todos los ciudadanos ( y las ciudadanas) pueden y  deben ser felices intentando cumplir sus obligaciones.( ver Tareas y Cosas a hacer).

Lo anterior es trabajo de los filósofos meta-éticos.  Una vez que esta idea estuviese clara y asumida, la aplicación no parece difícil.  Dª Victoria recoge varias recetas de otros filósofos y suyas propias.  Si las aplicaciones se piensan con el objetivo básico como fin y con el altruismo amplio como medio  creo que en poco tiempo el mundo estaría razonablemente ordenado. Con métodos y políticas adaptadas a las diferentes culturas y colectivos.  (Ver  Tareas y Aplicaciones).

Creo que el problema, como siempre, está en las élites. En las personas que piensan y dirigen.  Que hasta ahora han trabajado y trabajan con objetivos y virtudes parciales y grupales.   Su obligación es ahora, ver y asumir el objetivo vital (la supervivencia) y el medio prioritario para intentarlo (el altruismo amplio). Los ciudadanos hacen y harán lo que las élites les digan en este sentido. Todos llevan dentro el mandato. El deber de los pensantes y los dirigentes es hacerlo operativo globalmente.  Si se quiere no parece difícil. Puede llevar cuatro o cinco generaciones para implantarlo en todo el mundo. Pero se puede avanzar más rápido en sociedades y grupos concretos. Existe ya una gran demanda: ecologistas, humanistas, cristianos, algunas naciones y grupos…( ver la Presentación de Tareas)

Los siguientes capítulos también son interesantísimos. Y recomendaría a mis lectores que lean el libro completo ya que es un resumen actualizado y apasionado de ética política. O de política ética. Solamente tiene algunas carencias técnicas sobre política económica, o como cuadrar la demanda y la producción de los bienes a distribuir.  Pero eso es un problema de especialistas que también hay que tratar de resolver a la luz del principio ético universal.

Mi agradecimiento a Dª Victoria por sus trabajos y su buena voluntad. Y por responder a mis correos.  Espero que mis ideas le sirvan para su propósito de mejorar la vida de nuestra desnortada humanidad.

J.C. Madrid, 19.3.19. Revisado el 22.3.19