"Breve historia de la ética" de Victoria Camps

Victoria Camps

RBA libros. Barcelona, 2017. (1ª en 2013)

En Marbella, las 20,56 del 11/8/2017. Acabo de terminar el libro de referencia que compré en la Fnac  el pasado día  18 de julio. Son 412 páginas de un excelente trabajo de recopilación y comentarios del pensamiento filosófico sobre la moral (pág. 11).

Según mi costumbre he subrayado y escoliado lo que me ha parecido más interesante y he ido anotado, en la primera página en blanco, el nº de aquellas páginas del texto que me ha parecido que merecían una relectura y comentario. Han resultado unas 100 páginas. El trabajo lo amerita porque, con mi poco saber, creo que recoge y comenta lo más importante que más de 30 filósofos de nuestra cultura occidental han dicho sobre ética, es decir, en la acepción que yo uso:… sobre las normas morales que rigen la conducta humana (DRAE 22ª, 2001)  o que: rigen la conducta de la persona en cualquier ámbito de la vida (DRAE 23 ª, 2014). Y en otra acepción: Parte de la filosofía que trata del bien y sus valores.

Como es natural he leído el libro con las gafas de mis tres ideas y voy a comentar  lo que me ha parecido que tiene más relación con ellas.  Escribo a vuelapluma, con mi lenguaje de aficionado, y solamente enunciando las ideas más importantes que, en su caso, desarrollaré otro día.  Y ahora que tengo fresco el final, voy a intentar hacer un resumen previo y luego releeré y comentaré algunas de las páginas anotadas.

Resumen previo

El capítulo 20 y último, trata de la ética aplicada. En él la autora distingue, con buen criterio, tres modelos o tipos de éticas: del deber o de principios, las teleológicas o del bien y la ética de las virtudes como complemento necesario. Dice la autora en la página 401: “En la combinación de todos estos elementos- el kantiano, el utilitarista y el aristotélico- tenemos el marco desde el cual debe desarrollarse la ética aplicada”.

Si esto es así todos los filósofos incluidos en el libro han tenido razón, alguna razón, es decir han acertado. Aunque han acertado parcialmente. Si no recuerdo mal la idea de Ortega sobre las perspectivas, cada uno ha visto una faceta del concepto “ética”. Sin completarlo, porque les ha faltado ver los aspectos más importantes: el fin u objetivo vital prioritario, el deber o imperativo que lo ordena y la virtud que contiene todas las virtudes. Lo amplío:

1º.- La que llamo mi idea básica dice que: como todas las especies conocidas, la nuestra, el Homo sapiens, tiene como fin principal la propia supervivencia.  Este es el objetivo vital a intentar conseguir prioritariamente como bien necesario por el género humano, por el Hombre como conjunto o unidad evolutiva.  Esta idea es la base de las normas de comportamiento de todos los seres vivos y de la ética teleológica implícita en el Hombre como tal.

Ninguno de los filósofos citados en el libro enuncia así esta idea aunque algunos la rozan. Y posiblemente todos la dan por supuesta aunque no reparan en ella y sus consecuencias. Al más cercano que he visto ha sido a uno que no aparece en el libro: a Tomás de Aquino que en la q.94.2 de la Summa dice que el hombre tiene tres inclinaciones: a perdurar, a reproducirse y a vivir en sociedad y buscar la verdad y a Dios. Pero no desarrolla más estas cuestiones aunque las considera básicas dentro de la ley natural que rige al hombre. Sus muchos discípulos tampoco les han hecho mucho caso e incluso las han malentendido. Yo también las malentendí en su día.

2º. Este deber o imperativo vital de supervivencia está inscrito en la naturaleza de todos los individuos de todas las especies conocidas, también en todos los hombres de todos los tiempos. Lo que, junto con el altruismo amplio, fundamenta las éticas del deber.  Aunque la mayoría de los filósofos de estas éticas se refieren al deber como obligación para la parte moral o espiritual del hombre. No de la material que no se cuestionan. Y tampoco ven ni les preocupa su posible extinción.

El caso más claro es el de Kant quien cuando habla de la especie lo hace como universorum (todos los hombres) y  no como singulorum  (la especie como ente). Y su imperativo categórico, y el progreso de la especie,  se refieren a la parte moral del hombre ya que da por hecho, y afirma expresamente, que nuestra especie es inmortal. (ver págs. 280 a 288 de Supervivir. Ideas para una ética universal)

3º. Esta idea básica se complementa con el altruismo amplio, o tendencia a hacer el bien al prójimo, como elemento más eficiente y eficaz para supervivir conviviendo en sociedad, según el método vital adoptado por nuestra especie. Este altruismo/amor humano engloba las virtudes que el hombre ha desarrollado para mejorar su capacidad de supervivencia, tanto individual como grupal. Que suelen ser las mismas que las usadas  para otros posibles objetivos trascendentes P.e: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. O también: laboriosidad, sinceridad, honradez, benevolencia, amor al prójimo, solidaridad, caridad,…

Esta idea del altruismo amplio humano es un concepto biológico y como tal es muy sencillo de entender ya que es de la misma naturaleza, aunque más amplio, que el altruismo desarrollado por todas las especies sociales. Los filósofos de todos los tiempos y los mismos etólogos y “sociobiólogos” actuales todavía  tratan el altruismo de forma fragmentaria y parcial por lo que no acaban de entender sus aparentes contradicciones y efectos. Y confunden y mezclan los sujetos y los fines.

Estas ideas se justifican por causación histórica, como corresponde a las hipótesis biológicas. Por inducción del comportamiento de todas las especies conocidas incluida la nuestra.

Me ha encantado que la autora haya usado un criterio amplio y generoso para “crear” y recomendar el uso de un concepto de ética aplicada capaz de incluir, y hacer útiles,  las éticas parciales vistas hasta ahora por muchos de los filósofos importantes que han tratado estas cuestiones. Aun cuando les faltasen los fundamentos que justifican este concepto amplio.

Observaciones generales.

Aplicando mis ideas se entienden perfectamente las causas de las carencias, dudas y diferencias que reflejan los conceptos y teorías de los filósofos comentados en el libro. Conceptos y teorías que  rozan, conviven o chocan con mis ideas, sin verlas. Al leer en conjunto todas estas teorías se me ocurren varias posibles causas de este no ver mis ideas por tantas personas inteligentes que las han buscado durante tanto tiempo.

1.- La primera causa que se me ocurre es que son hipótesis biológicas. Y que además se han hecho más visibles a partir de las teorías sobre la evolución de los seres vivos.

Creo que los filósofos se han ocupado poco de estas cuestiones. Que yo sepa lo ha hecho a fondo Michel Ruse quien como evolucionista militante cree que el objetivo del hombre es la propia evolución. Pero como filósofo  le cuesta pensar que la materia haya impuesto un objetivo y un deber a los seres vivos y al hombre. Y como ateo creo que tampoco le gusta la idea de que pueda existir un Mandante externo. Y acepta, como inevitable en este caso, la falacia naturalista  de que el objetivo es evolucionar  porque evolucionamos. Y porque dicen los evolucionistas que evolucionar es progresar aunque él lo duda. Y tampoco sabe bien qué sea el progreso. Como les pasa a todos los filósofos y biólogos ya que no han encontrado el fin u objetivo hacia el que progresar.

En general los filósofos buscan un objetivo final, un bien espiritual ya que parten de que el hombre es, básicamente, lo que tiene de espíritu puro. El cuerpo animado, la vida material, para un filósofo casi no cuenta. Y hasta hace poco nadie se cuestionaba la extinción de nuestra especie. Al menos como horizonte previsible. La vida física del Hombre era un dato. Y creo que lo sigue siendo a efectos filosóficos.  Los  creyentes y  los teólogos  tienen resueltas la Causa inicial y la Final, tanto material como espiritual. Y por ello creo que les costará pensar en otras posibilidades o variantes, aunque sean compatibles con sus creencias o incluso las refuercen. 

2.- Otra cuestión muy importante es el considerar a las especies como unidades o sistemas evolutivos.  Esta idea es muy reciente ya que ni el propio Darwin la desarrolla a pesar del título de su libro más famoso. Parece que ha sido a partir de los años 40 del pasado siglo, con Mayr, Dobzhansky y Gould, cuando ha tomado consistencia la idea de las especies como sujetos evolutivos. Y aún ahora, los biólogos siguen “trabajando” con individuos, ya que son los individuos quienes manifiestan los cambios genéticos. Por su parte, los filósofos han trabajado y trabajan con personas individuales. Y cuando hablan de grupos o colectivos lo hacen como suma de individuos, el universorum kantiano, o como espacio donde estos existen, actúan e interaccionan: la polis, el estado, la humanidad,… sin que estos entes o colectivos sean sujetos operantes ni tengan personalidad propia a efectos filosóficos ni éticos.

Con ello cometen el error, o la carencia, de intentar conocer el fin u objetivo prioritario del Hombre mirando los que tienen los hombres individuales. Como si quisieran saber cuáles son los objetivos y normas de un ejército por los fines y normas de los soldados.

3.- En todo el libro y en todo el discurrir filosófico sobre ética hay una cuestión latente o expresa que dificulta el pensar y produce errores de fondo y de comunicación. Se trata de buscar el fundamento ético a partir de la naturaleza del hombre, de qué sea el hombre, la persona humana. Creo que es el problema mayor. Por lo que conozco,  los filósofos “ven” al hombre, principalmente, de tres maneras posibles: materialista, espiritualista y trascendente. Y según la base o creencia de cada uno, los fines y las normas éticas de cada de hombre se ven distintos según se vean de distintas sus naturalezas. El problema es que no sabemos científicamente cual es la naturaleza de los hombres, del hombre. No podemos pues, al menos de momento, fundamentar la ética sobre el qué sea el hombre. En nuestro caso, la idea básica es válida para cualquiera de estas posibles naturalezas ya que no se basa en ellas sino en los comportamientos.

4.- Casi todos hablan de fines y éticas parciales y contingentes. De éticas individuales y grupales. De actitudes y comportamientos subjetivos. Un ejemplo conocido es lo que Moore llama “falacia naturalista”: como lo que todos quieren es vivir parece que lo Bueno es vivir. O la supervivencia individual. O  como todos quieren ser felices parece que la felicidad es el Bien supremo. O la virtud. O la sabiduría. O la justicia. O la dignidad. O la propia evolución.  O el progreso. Todos ellos fines y objetivos buenos y útiles pero parciales. Y que suelen ser medios para intentar el objetivo vital prioritario.

5.- Por el contrario, para algunos no puede existir una ética universal, un principio ético universal, porque de existir estaría fuera de este mundo, sería trascendente. Lo cual es posible. Es decir, es posible que exista y no conozcamos un Fin Último. Pero existan o no uno o varios fines trascendentes desconocidos, Alguien, o Algo, o Nadie ni Nada si la Nada existe, nos ordenó y ordena,  permanentemente, intentar supervivir. Para no sabemos qué. Y el objetivo, y el mandato de intentarlo existen en nuestros niveles, material y espiritual, que somos capaces de conocer. Como en cualquier otro ser vivo. Sin perjuicio de que, en el caso del Hombre, puedan existir otros fines superiores o trascendentes individuales o colectivos. Que, en cualquier caso, parece que precisarían que el Hombre perviva hasta alcanzarlos. O que se convierta en otra u otras especies.

6.- La idea básica supone un mandato material y duro. Supone, principalmente, la lucha  por la existencia individual y grupal. Y comprende el bien y el mal. La vida y la muerte. La  paz y la guerra entre seres de la misma y de distintas especies. El amor y el odio.  Y parece que no se entienden filosóficamente, en el hombre, estas aparentes contradicciones. Que son obvias y entendibles en el mundo animal. Todas ellas se explican con la idea básica en la que tienen su base y fundamento inmediato. No sabemos científicamente si existen unas causas Anterior y Final. Y hemos de aceptar este no saber para aceptar lo que sí podemos saber. Y seguir intentando que el Hombre perviva: para saber más o para lo que sea: La “itinerancia” de Edgar Morin. El “hacer camino” de Machado. El ser “tiempo y sangre y agonía” de Borges. El “venga a nosotros tu Reino” cristiano. Los “30 pájaros o Simurgh” de Attar de Nishapur . El “para salvarme Yo y mi Circunstancia”, como flecha disparada de Ortega.

  1. La similitud con los animales es otro de los problemas para no ver la idea básica. Hoy mismo a cualquiera que se la expones, le repugna instintivamente la idea de que el fundamento de nuestras normas de comportamiento, de nuestra ética vital, sea el mismo que el de las ratas. Y que nuestras virtudes de solidaridad, justicia, valor, altruismo, amor…sean de la misma naturaleza funcional que las capacidades y costumbres sociales de las hormigas, los monos, los delfines, los lobos…. Nos cuesta muchísimo, y de mala gana, admitir nuestro parecido con los animales. Muy especialmente a los filósofos. Y más a quienes creen en hombres hechos a imagen y semejanza de su Creador. Aunque una cosa no impida la otra.

8.- Hay un enorme lío con el concepto de libertad. Que es otra de las capacidades comunes a todas o casi todas las especies. La diferencia es de grado. Y en el caso del hombre, esta capacidad enorme, reciente y creciente, es otra de las virtudes que nos ha hecho y nos hace diferentes. Junto con la autoconciencia y la convivencia en cada vez más grandes grupos. Y  es uno de los peligros, ya que el hombre tiene el mandato primario de vivir y vivir lo mejor posible, él y su grupo, como medio para supervivir grupal e individualmente.  Y esa libertad que le ha servido y le sirve para inventar, supervivir, dominar y matar, si se ejerce mal individual y grupalmente, ha sido, es, y puede ser mortal, para individuos y para grupos. Y ahora para la propia especie.  Estas verdades biológicas han sido poco tenidas en cuenta por los filósofos, sobre todo en el comportamiento grupal, como ya he dicho. Y tampoco han sido bien entendidas, hasta hace muy poco, por los propios biólogos o asimilados. Y aún no por todos. Creo que las ideas básicas aclaran mucho el concepto de libertad y permiten delimitar  y mejorar su uso.

Comentarios a ideas concretas releídas en las páginas que se citan

Prólogo.- Págs.11 y 12: Plantea las principales cuestiones que intentan responder los filósofos incluidos en el libro. Según la autora:

¿Cuál es el fundamento de la distinción entre el bien y el mal?  ¿Cuál es el destino de la persona, sus fines en esta vida, su razón de ser o el sentido que tiene vivir? ¿qué es vivir bien y en qué consiste una vida buena? Y  otra preocupación fundamental ha sido la convivencia. ¿Cómo regular la vida en común preservando al mismo tiempo la autonomía de cada individuo?

Comentario: El problema de la fundamentación se resuelve si existe un bien u objetivo universal. Y a buscarlo se han dedicado los filósofos de las éticas teleológicas. Sin éxito.

Y para los objetivos parciales propuestos: la felicidad, el bienestar, la convivencia, la justicia… tampoco han encontrado un medio o virtud común que “obligue” a intentar conseguir estos objetivos ejerciendo el bien y evitando el mal. A buscar y a aplicar este medio se han dedicado, entre otros, los filósofos de las éticas del deber y de las virtudes. Y  han encontrado, y los hombres han ejercido, muchos medios y  muchas virtudes y por eso estamos aquí. Pero no han visto la virtud que contiene a todos ellos.

Si  la idea básica como objetivo y el altruismo amplio como medio son hipótesis ciertas y verdaderas, el fundamento o principio ético universal para distinguir el bien y el mal es claro: es bueno /mejor lo que, hecho altruistamente, sea bueno/mejor para la supervivencia de nuestra especie.  El “hecho altruistamente” no haría falta decirlo porque está implícito en el bueno/mejor de lo que hay que hacer. Ya que el altruismo amplio es el medio más eficiente y eficaz para la convivencia grupal necesaria para supervivir. Y contiene a las virtudes utilizadas como medios parciales.

En cuanto al resto de las preguntas, creo que también se responden con estas ideas. Al menos en el nivel del Hombre que más o menos conocemos. No dan respuesta a si existen otros fines espirituales puros o trascendentes. Ni a cuáles puedan ser. Ese es un trabajo que sigue quedando para los filósofos espiritualistas y los teólogos. Trabajo que se facilita con las ideas básicas porque amplían el conocimiento del Hombre resultante y  los límites de lo conocido y conocible. Aunque son conocimientos que parece conveniente actualizar por todos los filósofos a la luz de estas ideas biológicas.

Recuerdo aquí a D. José Ferrater Mora quien en el primer párrafo de su “Ética aplicada. Del aborto a la violencia”,  recoge y acepta con matices la frase de E.O.Wilson  sobre que” haya llegado la hora de sacar por un tiempo la ética de manos de los filósofos y biologizarla”. Dice luego que la frase quedaría mejor si  dijese: “ha llegado la hora de  sacar por un tiempo la ética de manos de algunos filósofos”. Me hubiera gustado que el profesor Ferrater pudiera leer estas líneas y conocer mis ideas. Que no son de filósofo ni de biólogo. Porque E. O. Wilson tampoco ha sabido encontrar la idea básica a pesar de que la ha tenido al alcance de la mano ayudado por su filósofo de cabecera M. Ruse. Y ambos han contado con el auxilio de la crítica de nuestro eximio paisano D. Francisco J. Ayala. Quien tampoco la vio ni ha visto, a pesar de sus saberes multidisciplinares y de haber sido discípulo predilecto de T. Dobzhansky: biólogo excelente, que también estuvo cerquísima y solo la vio a medias. Para ampliar lo dicho por estos cuatro expertos ver “Supervivir. Ideas para una ética universal.”

Págs. 21 a 26. Habla de Protágoras y se plantea importantes cuestiones. Entre otras:

¿Quién es el hombre que Protágoras proclama como la medida de todas las cosas? ¿Es el hombre genérico- la humanidad- o el individuo? Y se contesta: Seguramente más el segundo que el primero. Y se apoya en Hegel y su idea de la conciencia. Y plantea el problema de la universalidad de los valores. Esto casi lo resolvió también Tomás de Aquino cuando habla de la permanencia de la ley natural y de la contingencia temporal de las éticas parciales según las circunstancias de cada entorno. Aunque le hicieron poco caso. Ni parece que él mismo viera la trascendencia práctica y material de estas ideas porque estaba, como los otros, a otras cosas más espirituales y trascendentes.

En el mito de Prometeo también está la solución aunque tampoco se haya visto: está en cuando Zeus se da cuenta de la necesidad del sentido de la convivencia. Y lo envía a todos. Es decir a todos, a la especie entera, a la humanidad.  Y desde entonces todos los hombres lo tienen, lo tenemos. Lo tiene la Humanidad, el Hombre y sus individuos.  Tenemos el mandato de convivir. Y el sentido para esta convivencia es llevarse bien, comportarse contando con los otros, con los alter. Se trata de ser altruistas con las virtudes individuales y grupales más adecuadas a las circunstancias de cada momento en cada grupo. Ahora el grupo es la Humanidad entera y por eso, la virtud básica debe ser el altruismo universal implícito. Que  hay que explicitar para que dé cobertura a las virtudes parciales necesarias en cada grupo y en cada individuo. Otra cosa es que la humanidad, los grupos y los individuos, acierten con las virtudes parciales más  convenientes a desarrollar en cada momento en cada entorno. Y  les hagan caso dentro de sus amplias libertades.

Creo que lo dicho aclara las aparentes contradicciones que se presentan al ver como sujetos a la humanidad, a los grupos y a los individuos. El mandato es al Hombre, al ejército como ente, y éste lo transmite a todos los hombres individuales y a sus grupos. Quienes lo ejercen como mejor pueden, saben y quieren y retroalimentan a la especie. Como los mandos y los soldados del ejército. El sistema de transmisión, en ambos sentidos, se hace en el lenguaje de los dioses o de la Naturaleza. Lenguaje que aún  no entendemos bien aunque  los expertos en cerebros, animales y humanos, y muchos etólogos, antropólogos, sociólogos y algunos filósofos, van adelantando en su conocimiento. Con muchas discusiones entre ellos.

Resumen: Los principios básicos de supervivir siendo altruistas son universales por ser deberes o imperativos vitales de toda la humanidad como singulorum: el supervivir como mandato a todos los seres vivos y el altruismo/amor amplio, como principal método adoptado por el Homo sapiens como especie social.

Los muchos valores, virtudes y capacidades desarrollados por los hombres- algunos comunes a toda la especie y otros propios de distintos grupos  en diferentes grados – son medios contingentes que han utilizado y usan los distintos individuos y grupos para intentar sobrevivir en cada momento.  Tratando de conseguir con ello  la mejor convivencia y el mayor bienestar posibles porque, entre otras ventajas, la buena convivencia y el bienestar mejoran la capacidad de sobrevivir de los individuos. Y con ello de la especie.

Por otra parte, todas o algunas de estas virtudes ayudan a muchos individuos y grupos a intentar conseguir otros posibles objetivos espirituales o trascendentes.

Página 29. Sobre la enseñanza de la moral. Dice la autora: “Ni Sócrates ni Platón ni nadie hasta hoy ha dado la clave de lo que debe ser la enseñanza de la moral. En el siglo XXI nos lo seguimos preguntando”.

El problema de la enseñanza de la moral era que no sabíamos qué moral enseñar. Ahora ya lo sabemos. ¿Qué hacer?: Parece que  una vez conocido el objetivo a tratar de alcanzar, el método para ello y el principio ético universal que los resume, hay que asumir todo ello por los pensantes y líderes de opinión. Conseguido esto, es fácil difundir la parte universal y común y adaptar a ella  los valores morales de cada cultura y entorno. Y difundirlos. Contando con los medios y las tecnologías de la información de hoy es muy sencillo técnicamente. En total pueden ser un par de generaciones, de 30  a 50 años. Es cuestión de que quieran hacerlo los “gurús” del pensar y del comunicar (intelectuales, iglesias, políticos, poderes fácticos, líderes de opinión,…). Algunos de ellos querrán enseguida si creen que les interesa. O si ven que, tarde o temprano, estas ideas llegaran al pueblo, a la “opinión pública”, a los votantes. Que preferirán a los políticos que tengan estas ideas en sus programas. Y también a los compradores, que comprarán más los productos que cumplan estas “nuevas” éticas. Y es posible que “la enseñanza” se acelere si ocurre alguna gran catástrofe: natural, o provocada por algunos hombres malos o ignorantes.

Páginas 35 a 52. Platón. La ciudad justa.  Tengo bastante subrayado pero poco para releer. Las ideas de Platón son buenas pero tampoco encuentra el fin prioritario aun cuando está latente en su República. Su búsqueda de virtudes y del método para que sean ejercidas mediante la educación y el buen gobierno, en especial la justicia, es el medio para mantener vivo y feliz al Estado que, para él,  era el mundo a salvar. El Estado ideal era su colectivo vital. Lo que para nosotros es hoy la Humanidad entera.

Las dos ideas básicas están en Platón si adaptamos los conceptos a sus circunstancias: su objetivo es la supervivencia y felicidad del colectivo del que se sentía miembro, su Estado, que hoy equivaldría a nuestra Humanidad.  Y la estrategia para intentarlo era, como la seguida por nuestra especie social, la buena convivencia. Para lo cual entre otras virtudes prioriza la justicia, que es equivalente al altruismo amplio: que cada uno haga lo que tiene que hacer y cumpla la función que le corresponde lo cual beneficia al colectivo y mantiene la convivencia.  Platón no ve que estos dos conceptos: el deber de supervivir y el altruismo como medio, están inscritos ya en todos los hombres. Y, como todos los demás filósofos hasta ahora, quiere fundamentar las normas éticas en la razón. Hans Jonas, el entrañable filósofo predicador de una ética mundial, basaba su prédica en la responsabilidad del hombre. No es necesario apelar a la razón ni a la responsabilidad, ni a los posibles dioses, para justificar estos mandatos: los tenemos implícitos en nuestra naturaleza, la especie y sus individuos, desde que iniciamos nuestro existir. Sí hace falta usar la razón y apelar a la responsabilidad, y a quien haga falta, para ver, asumir y obedecer estos mandatos. Según sea más conveniente en cada caso. Y siempre con el altruismo/amor como principal ingrediente.

Páginas 53 a 78. Aristóteles, La vida buena. Aquí tengo subrayado la mitad del texto y señaladas ocho páginas para releer y comentar. Pero voy a intentar ser breve porque me estoy alargando mucho y Aristóteles es muy conocido en la materia. Resumo:

Para mi Aristóteles es quien más ha contribuido a que los filósofos posteriores no hayan visto la idea básica. Parece que empieza bien porque siguiendo a Platón iguala el bien del hombre con el bien de la ciudad o del Estado. Pero como le parece una idea muy ideal, va a buscar el bien del Hombre en cada hombre. Y dice, con acierto, que el Bien es aquello a lo que todos tienden. Y como no se plantea, ni se le ocurre, el riesgo de la desaparición del Hombre – de todos los hombres- parte, como Kant luego, de la existencia perenne de hombres vivos. Y se pregunta cuál es el bien al que todos ellos, como universorum, tienden. Acierta otra vez, doblemente, diciendo que el Bien del hombre, deseado por todos ellos, es la Felicidad y que es feliz el virtuoso.

Sigue sin descubrir cuál es la Felicidad a la que todos tendemos ni cuál es la Virtud para intentar conseguirla. Pero ha marcado la senda de buscar el fundamento de la ética en los individuos, que son, para él y para casi todos los filósofos, los sujetos éticos. Los que saben, o deben saber con su razón, lo que es bueno y malo. Y ejercer el bien y el mal y prever y juzgar sus actos y  consecuencias. En lugar de preguntarse qué es lo que los hombres- individuos quieren, debería haberse preguntado cuál ese bien al que tiende el Hombre como especie, como todas las especies de seres vivos. Con su mucha influencia y a pesar de que era más biólogo que Platón, no supo ver el sujeto especie. Y consagró el antropomorfismo y el individualismo que luego siguieron los filósofos y los teólogos. Y muchos antropólogos, biólogos y otros. Hasta hoy.

Páginas 79 a la 406 final. De estas 327 páginas tengo señaladas más de 80 que dejo para otra ocasión comentar con detalle. Lo intentaré cuando tenga más tiempo porque hacerlo después de leerlas con las gafas de mis ideas es interesantísimo. Y a la vez triste y divertido. Triste por apreciar las muchas dudas y angustias que reflejan lo escrito por quienes han buscado, inútilmente, el fundamento ético a distintos niveles. Y divertido porque, en  mi caso, puedo ir resolviendo todas las dudas y angustias que se refieren al Hombre como ser vivo, miembro de la especie Homo sapiens.

Recomiendo encarecidamente a mis hipotéticos lectores, y lectoras, que se pongan las gafas de mis ideas y lean o relean con ellas el excelente trabajo de la  muy trabajadora y erudita doctora Camps. Y acabarán creyendo que mis ideas son ciertas y verdaderas. Y que su asunción, difusión y aplicación son absolutamente necesarias y urgentes. Para la filosofía, para la ciencia y para la supervivencia y el bienestar de nuestra desnortada humanidad. Añado que todo lo que hagan para ayudar en estas tareas les hará más felices porque estarán ejerciendo el altruismo/amor. Ahora ya saben que lo tienen implícito, como seres vivos humanos y sociales, en la base de su conciencia. No lo mandan los papas, ni los humanistas, ni los filósofos. Lo mandamos nosotros mismos.

Y  con ninguna modestia, creo que si estas ideas son verdaderas, son las verdades más importantes descubiertas en los últimos 2000 años. Y si se aceptan, asumen y ejercen bien, serán útiles al Hombre hasta que se trasforme en otra cosa o se extinga.

Marbella, las 10,18 del 21.8.2017