Aristóteles

Aristóteles  (384 a 322 a. C.)

Creo que Aristóteles es quien más ha contribuido a que los filósofos posteriores no hayan visto la idea básica. En principio siguiendo a Platón iguala el bien del hombre con el bien de la Ciudad o del Estado. Pero como le parece una idea muy ideal y además no “ve” al Estado como sujeto, considera sujetos a los hombres, a cada hombre.  Esta elección “homoegofílica” (perdón por el neologismo) va a sacralizar a los individuos frente a lo comunitario. Y está en la base “racional” de todas las éticas occidentales hasta hoy. Frente a las normas intuitivas, familiares y tribales, de las sociedades anteriores.

Aristóteles va a buscar el fin del Hombre en cada hombre.  Se pregunta qué es lo que cada hombre quiere. Y concluye, con razón, que todos los hombres quieren la felicidad. Y deduce que la Felicidad es el Bien supremo. Que ser feliz es el fin u objetivo de los hombres. Y lo eleva de nivel y la Felicidad se convierte en el Bien del Hombre.

Por otra parte, a Aristóteles a pesar de sus saberes de biólogo, ni se le ocurre que el Hombre pueda extinguirse y menos hacer algo que lo lleve a su propia extinción. Las normas éticas, que habían sido mayoritariamente leyes dirigidas a la autoconservación individual y grupal, se convierten en normas morales, en normas “espirituales” .Y de ser mandamientos materiales, pasan a ser virtudes morales.

Aristóteles no llega a descubrir en qué consiste la felicidad a la que todos tendemos. Ni cuál es la principal virtud para intentar conseguirla. Pero inició la práctica de buscar el fundamento de la ética en los individuos, que son, para él y para todos los filósofos, los sujetos éticos. Lo cual es cierto. Pero no son los individuos los que han dicho, ni pueden decir, cual es el Bien del Hombre, de la Humanidad, ni de los propios hombres como miembros de la humanidad. Es como si a un jugador de fútbol se le pregunta cuál es su objetivo personal. Dirá que ganar dinero y fama. Pero ese no es su objetivo como jugador.  Su objetivo como jugador coincide con el del equipo del que forma parte: ganar los partidos. Ese es el error de Aristóteles.

Para Platón el Bien era primero el bien del Estado, que suele coincidir con el bienestar de los ciudadanos. Para Aristóteles, el Bien prioritario es la indefinida felicidad de los ciudadanos. Sin darse cuenta de que, los ciudadanos, para ser, necesitan que exista una sociedad, un Estado. Y que, para ser felices, la virtud a practicar individualmente es la convivencia justa, el altruismo amplio, el colaborar para que el resto de ciudadanos tengan el mayor bienestar posible. Que es la mejor estrategia para que exista un Estado fuerte y sostenible.

Aristóteles, con su mucha sabiduría no supo ver el sujeto Hombre y consagró el individualismo. Que ha sido excelente para el progreso intelectual y técnico pero que ha ocultado, a la razón, el objetivo prioritario del Hombre como humanidad, como Sapiens. Creo que esta es la causa principal de que filósofos y teólogos posteriores siguieran viendo a los hombres solamente como individuos, sin darse cuenta de que le quitaban su principal cualidad: la de formar parte de un equipo cuyo objetivo vital prioritario es conservar y transmitir, hasta no se sabe cuándo ni para qué,  la vida que tienen en sus manos.

En cualquier caso, parece que Aristóteles, además de sabio, fue un hombre bien intencionado. Mi mejor recuerdo. Y posiblemente aún estemos a tiempo de rectificar.

Marbella, 29.8.18.