Amelia Valcárcel

Amelia Valcárcel  (1950-)

Creo que supe de Dª Amelia por su artículo “Ética y feminismo”  que forma parte de “La aventura de la moralidad”, libro coral editado por Carlos Gómez y Javier Muguerza en Alianza, 2007. Tengo anotado en la 5ª reimpresión de 2014, que lo compré en Zaragoza el 19.10.2015 y que terminé de leerlo el 5.1.2016.

Recuerdo que leí el libro con mucho interés porque los autores eran, además de los citados,  Dª Adela Cortina, Dª Victoria Camps, y otros cuatro importantes filósofos del CSIC y de la UNED.  Como dice en la contraportada: “ Este libro aborda algunas de las principales cuestiones de la Ética de nuestro tiempo”.  Como siempre, mi interés estaba en la fundamentación y subrayé bastante. Pero nadie había dicho mis ideas, aunque algunos se acercaban citando a su vez a otros filósofos.

De Dª Amalia subrayé solamente una frase ya que su artículo estaba centrado en el feminismo, sin entrar en los fundamentos. La frase, en la página 477, al final de su artículo, dice: “…el feminismo no tiene ni debe tener una ética propia: está, más bien, en la base de todas”.  Me pareció muy bien porque tan ser humano es la mujer como el hombre.  En alguna charla en internet he oído a Dª Amelia decir, con toda la razón, que la mujer es tan hombre como el varón. Por ello, el fundamento de la ética, el principio ético universal, no hace distinción entre los sexos. Es aplicable por igual a todos los hombres (hombre: “ser animado racional, varón o mujer”, según el DRAE). Las diferencias pueden estar luego en las normas de comportamiento que se crean mejores para intentar el cumplimiento del principio ético universal. 

Adelanto que nuestras hipótesis y el principio ético universal resultante, son, o pueden ser, una excelente base para replantear el papel de la mujer en el intento de nuestra humanidad de supervivir amando.  Una opción es la de “El mundo feliz” de Huxley. Pero, en principio no parece la mejor.  Si tengo tiempo intentaré pensar algo pero es un asunto muy amplio y difícil. Es tarea para expertos (y para expertas que dirían algunos y algunas).

Volviendo a nuestra historia, el 20 de marzo del 2017 envié ejemplares de Supervivir amando a los autores del libro, excepto a Dª Adela y Dª Victoria, a quienes ya había enviado antes y me habían acusado recibo.  De los siete envíos del día 20, solamente Dª Amelia me acusó recibo en una preciosa carta manuscrita fechada el 4.5.2017.  El día 9 le di las gracias por correo electrónico y quise saber más de ella. Encargué por Amazon su “Ética para un mundo global”  y lo recibí el 12.5.17.  La primera edición de Planeta en “Temas de hoy”  es   del 2002. Mi ejemplar es de la tercera reimpresión del 2011.  El libro es interesantísimo, divertido y apasionado. Lo leí con detenimiento y tengo anotadas 32 páginas con textos para releer.  Voy a copiar y comentar los más significativos para nuestras hipótesis:

Creo que las páginas 15 a 21 del prólogo contienen, en su elegante y amena prosa, todo el meollo del libro de Dª. Amelia. Dice:

 Después de los históricos: “Abajo el prójimo”, “ Deja en paz al prójimo” y “¡Viva el prójimo!”, (…) marcadas por la categoría de otreidad, en origen ética, falta por  dibujarse en el horizonte su correspondiente categoría estética, la totalidad. Y luego: “ la humanidad pugna en todos nosotros por existir”.

Parece que Dª Amelia tiene claro que la humanidad, la totalidad, es la categoría, el sujeto a tener en cuenta, tanto ética como estética.  Estoy totalmente de acuerdo.

Pero enseguida plantea el gran problema (pág.18): “¿tenemos la ética que necesitan los tiempos presentes?.¿Una ética universal para un mundo global?”. Y responde en la 19: “Ciencias y técnicas se universalizan mientras que las ideas que organizan la moral no son universales: siguen siendo parciales y dependen en gran parte de las religiones y de las comunidades a las que llamamos ‘naciones’.”

Y refiriéndose al multiculturalismo dice: “ Cada grupo humano, porque es humano, tiene derecho al respeto y la integridad, pero no cada una de sus normas o sus prácticas”.   Defiende que hay normas universales que deben ser respetadas por todos los grupos humanos, precisamente por ser humanos. 

El problema es que, al no existir una ética universal, no está claro cuales son, en cada momento o atemporalmente, esas normas universales aplicables a todos los hombres y sus grupos.

Parece que la opción de Dª Amelia es la del humanismo universalista e inclusivo: “ El humanismo es más que una vaga disposición benevolente  hacia el prójimo ( …) Es el nuevo lenguaje de la dignidad humana al que ha de ser traducido cuanto de valioso las diversas humanidades produjeron antes de convertirse en Una”.

La ética universal parece que estaría formada por la adaptación de las normas morales “valiosas” producidas históricamente por la humanidad (por sus grupos humanos) hasta el ahora de cada tiempo.  Como ejemplo pone Dª Amelia la declaración de los derechos humanos. Y supongo que considera valiosas todas las virtudes y valores de las doctrinas éticas clásicas: la de virtudes aristotélica, la del deber y la buena voluntad de Kant y los ilustrados y las utilitaristas o del máximo bienestar.

Creo que antes de seguir puede ser conveniente analizar lo anterior a la luz de nuestras hipótesis. Como ya hemos dicho en otros muchos escritos previos, el principal problema es que se busca una ética universal que sirva para intentar conseguir unos objetivos o fines que previamente se han establecido como universales: el bien común, la paz, la dignidad, los derechos humanos… Lo que estaría bien ya que son fines u objetivos buenos pero parciales. Y que se han buscado grupalmente.

El error es considerar al Hombre, a los hombres, como seres capaces de establecer sus objetivos vitales básicos. Y a partir de ellos capaces de crear la base de su ética. De decidir qué es lo que deben intentar conseguir vitalmente. Y creo que es un problema de ignorancia, no de soberbia. El Hombre, los hombres, como cualquier otra especie de seres vivos,  nacieron y nacen con sus objetivos básicos incorporados. Todo lo que hacen después, tareas y objetivos parciales,  es para intentar conseguirlos.

El Hombre, los hombres, han considerado acertadamente que tenían la ley moral en su interior, y eso se ha traducido en la ley natural de las religiones, en la felicidad por el ejercicio de las virtudes, en la buena voluntad y la eudomonía kantiana y en el sentido moral del mayor bienestar de los utilitaristas. Pero han descubierto objetivos y medios parciales. Generalmente buenos pero parciales.  Y han intentado conseguirlos con valores y virtudes buenos pero parciales: la justicia, la benevolencia, la caridad, la solidaridad, la cooperación, la sinceridad, la honradez, la laboriosidad… Que pueden englobarse en lo que hemos llamado altruismo amplio.

El modelo cuadra si se va al fondo del interior de cada hombre y se descubre, no se inventa ni se crea, que el imperativo vital es la supervivencia: que la vida perdure en el tiempo, que perviva. Y que ese imperativo se traduce en los comportamientos y normas que cada especie, sus grupos y el propio individuo, han ido adoptando históricamente hasta el momento en que, cada uno, “necesita” decidir qué y cómo hacer lo bueno o lo mejor en cada caso.

Con estas bases: la supervivencia como objetivo y el altruismo amplio como medio, se pueden y deben analizar los problemas éticos y morales concretos. Aunque no tengo ninguna autoridad para opinar, creo que partiendo del principio ético universal de que “es bueno/ mejor lo que sea bueno/mejor para la supervivencia de la humanidad”, se pueden establecer normas morales universales y grupales que estén orientadas a intentar conseguir el objetivo básico y el bienestar máximo posible en cada momento. Con la multiculturalidad más conveniente y posible en cada circunstancia y lugar.

De la multiculturalidad trata en el capítulo II. Es muy interesante pero no entro en ello porque son cuestiones operativas que deben verse a la luz del principio ético universal.

En el capítulo III (págs. 49 a 71) trata de los derechos humanos. Muy interesante pero creo que lo más destacable es una cita de Victoria Camps sobre  “exigencia moral” y otra de Gandhi que dijo: “ De mi ignorante pero sabia madre aprendí que los derechos que pueden merecerse y conservarse proceden del deber bien cumplido. De modo que sólo somos acreedores del derecho a la vida cuando cumplimos el deber de ciudadanos del mundo”. 

Entiendo que Dª Amelia está de acuerdo pero parece que “limita” este deber de ciudadanía a respetar los derechos de los demás. En mi idea, el deber no es solamente pasivo. Además del respeto y facilitación de los derechos de los demás, cada persona tiene la obligación primera de hacer, con alguna forma de altruismo amplio,  lo que sea mejor para la supervivencia de la humanidad. Es decir hacer algo positivo que sea bueno para los demás (y para él). Y naturalmente propiciar que los demás puedan hacerlo también. (ver en Cosas a hacer. Tareas para todos. Y en el Resumen: Altruismo amplio).

El capítulo IV (págs. 105 a 128) está dedicado a “las virtudes y los vicios” en el que lo más destacable es el pesimismo/realismo de nuestra autora cuando dice que desde hace tres siglos y a causa del pensamiento ilustrado desapareció  un fin compartido y se instaló el individualismo rampante.  Y dice luego que : “por fina que sea, a cada nueva fundamentación sólo le espera el fracaso”. Y cita a MacIntyre y Victoria Camps.

En la pág.115 cita a Goffman y dice “ No hay teleología compartida, no hay comunidad de sentido, no hay lenguaje de la virtud, no hay virtud”. Y en la página 123 añade:         ” Razones para el pesimismo no faltan: un repaso a la prensa diaria y cada quien puede convencerse de que el mundo anda desquiciado. Las virtudes parecen escondidas y los vicios son públicos.”

No me resisto a decir aquí que estos días he tenido la tentación de dejar de trabajar en esta tarea de contrastar mis ideas, pensando que si nadie las ha visto antes, y si nadie se entusiasma y convierte cuando se las cuento, es porque no son verdaderas. Pero luego vuelvo a la faena al darme cuenta de que, si existe una pequeña probabilidad de que sean ciertas merece la pena seguir, porque su utilidad en ese caso sería enorme. Aunque costase varios años su validación y asunción por alguien con autoridad moral o práctica.  Sigo:

El capítulo V ( págs. 129 a 158) se titula “El pesimismo actual y sus razones” y lo tengo totalmente subrayado. Es decir que debería copiarlo entero.  Pero solamente voy a resaltar dos cosas:

1ª.- En la página 134, hablando de los fines dice: “ La felicidad, el cumplimiento de la razón y la justicia, el bien del mayor número, el ánimo inalterable, la conservación de la especie – por poner ejemplos de fines de toda acción moral que algunos relevantes filósofos del pasado y del presente han propuesto-, provocan casi siempre consenso”.

Además del fondo del párrafo, me ha llamado la atención que cite la conservación de la especie como fin propuesto ya por algún filósofo.  Llevo buscando diecisiete años y no he visto que nadie haya dicho eso. Al menos como fin u objetivo prioritario. Tal vez Hans Jonas con su sentido de responsabilidad, pero no lo plantea como un fin básico y como un imperativo vital universal implícito en cada individuo, sino como un mandato “racional” humano.  Si Dª Amelia llega a leer esta nota, le rogaría me haga saber quién y cómo propuso la conservación de la especie como fin. Ruego que hago extensivo a cualquier otro lector (o lectora).

2ª.- En las páginas 154 a 158 critica con razón al naturalismo “sociobiológico”. Por las citas parece referirse a Dawkins aunque puede ser que incluya a Wilson y Ruse, que se autollamaron  sociobiólogos. Parece criticar su capacidad de deshacerse del sujeto individual, su no poner ninguna línea fuerte entre sociedades biológicas humanas o animales, el considerar a las especies como los verdaderos individuos y el utilizar el altruismo como estrategia de supervivencia.

Se opone a todo esto porque considera que, “como poco, es  miope e inadecuado considerarnos seriamente parte del mundo natural, una especie entre otras, como las demás”. Y por ello dice antes: “ Niego la mayor: una vida sin libertad, sin esfuerzo, sin virtudes y sin reflexión no es humana”. 

Y frente al naturalismo “ fuerte e inatacable en nuestros días” destaca el concepto de “responsabilidad individual”:  “invención humana reciente y difícil” frente a “un mundo en el que el grupo, constituido por los vivos y los muertos era el único Señor”.

Me he detenido aquí porque parece que mis ideas son las mismas que Dª Amalia “ve” en los llamados  sociobiólogos. 

Mis ideas tienen puntos en común con las de los sociobiólogos y si no se miran con cuidado pueden parecer las mismas. De hecho mis primeras búsquedas para ver si alguien había descubierto mis hipótesis me llevaron a Dawkins, Wilson y Ruse ( ver en Supervivir. Ideas para una ética universal). No las habían visto. Y tanto la teoría del gen egoísta, como el altruismo de los himenópteros de Wilson, como la admitida falacia naturalista de la evolución y el dudoso progreso de Ruse, han quedado muy atrás. Fueron conceptos parciales que tuvieron buena venta inicial por la parte de verdad que contienen, pero que han quedado anticuados.

Y para tranquilidad de Dª Amelia, en mis hipótesis considero al Hombre, a los hombres como seres vivos, pero no como otros animales. Y en ese ser seres vivos es en el que coinciden con el resto de seres vivos. Y como colectivo de seres vivos , también se puede decir que la Homo Sapiens es una especie y que puede compararse con otras  en algunos aspectos biológicos y etológicos que son suficientes para nuestras hipótesis. Sin perjuicio de que los organismos individuales hombres sean distintos que cualesquiera otros seres vivos. Por otra parte, aunque sabemos que estas diferencias son muchísimas, no tenemos la certeza de cuántas y cuales sean número y cualidad. La capacidad de pensar en ello es una de las diferencias. Y otra la posibilidad de “ver” cual es nuestro deber y responsabilidad como seres vivos/hombres/personas.  Aunque, a lo que parece, tampoco lo tengamos claro.

El capítulo VI (págs. 159 a 188) lo dedica a “El mundo del pecado”. Y lo empieza diciendo:” El nuestro es el mundo de la responsabilidad y de la libertad, por oposición al mundo del que venimos, el mundo del pecado”. Tiene razón, pero el problema es que, con la laicización y la secularización la moral pasó a depender de la naturaleza y de la razón humana. Y aún no sabemos explícitamente qué es lo bueno y qué es lo malo y por tanto cuál es nuestra responsabilidad y para qué debemos usar nuestra nueva y enorme libertad.

Pone el ejemplo de La Mettrie quien: “ supuso que la posibilidad de la moral radicaba en el mismo fondo de la naturaleza humana”.  Pero según la nota 4 de la  página 162 La Mettrie escribió: “La ley  natural es un sentimiento que nos enseña lo que no debemos hacer porque no quisiéramos que se nos hiciera a nosotros”.  La Mettrie como todos los naturalistas no llega al fondo. Se queda en las normas humanas. En el fondo está el imperativo vital, la ley de supervivencia,  común a todos los seres vivos.

Con esta base como ley “constituyente” se han desarrollado las leyes operativas y los reglamentos de todas y cada una las especies. Que son las normas o leyes que están operando y que “ven” quienes miran las distintas “capas” históricas de la naturaleza humana.

En el resto del capítulo, también interesantísimo, trata, entre otras cuestiones, de la socialización del pecado. Del pecado individual y del comunitario. Me ha recordado a las tribus descritas por Lévy-Bruhl en “El alma primitiva” ( 1974,52). En ellas, “el individuo solamente se aprehende a sí mismo como miembro de su grupo”.  A lo que parece, la individualización de los seres humanos es muy reciente. Y el grupo como sujeto sigue existiendo en todas las culturas. Es la parte más exitosa de la estrategia de  las especies sociales  El reto actual es que los hombres sepan expresamente lo que ya intuyen: que sin perder su individualidad y con ella, forman parte del gran grupo de la humanidad. Y que son hombres antes que cualquier otra cosa: machos, hembras, blancos, negros, ateos, creyentes…. Esta idea implícita y real de pertenencia a los grupos humanos parciales ( familias, tribus, razas, religiones, …) explica lo ocurrido en la historia. Y la colectivización del pecado y de otros muchos vicios y virtudes.

El capítulo VII (págs. 189 a 218) trata de “ La secularización del pecado”. Del problema   de los premios y castigos de los actos buenos o malos en las sociedades secularizadas. Parece claro que las leyes civiles no son suficientes. En la página 197 dice con razón Dª Amelia:

“Hay que conseguir que la voz de la conciencia sea fuerte en todos y cada uno sin por ello violar su libertad. El lugar que ocupaba el pecado debe ser llenado por la conciencia que se juzga a si misma sin desfallecimiento”.

El problema básico, que trata en las páginas siguientes, sigue siendo el mismo. La falta de un fundamento ético universal. Y lo sigue buscando en Diderot, Schopenhauer, Kant y Nietzsche. Y luego trata del atractivo del mal, de los libertinos, de los débiles, de los descreídos y cobardes … Y se lamenta, con razón, de que el pecado:”… simplemente ha desaparecido. No hay responsabilidad, no hay culpa originaria(…)No es malo delinquir,  lo malo es que te cojan”.

En el capítulo VIII y último (págs. 219 a 247) trata del espíritu de los nuevos tiempos. Es una descripción lúcida de nuestro mundo al principio del siglo. Que sirve para ahora, agravada por la crisis del 2007. La resume en la página 244:

“Hemos perdido la capacidad de imaginar el fututo y eso demuestra nuestro agotamiento civilizatorio. En fin, todos estos juicios y más se han emitido en los últimos cinco años. Se resumen en que vivimos tiempos sin espíritu, tiempos finales. Tiempos, por si algo les faltara en los que nos hemos encontrado, de pronto con los otros”  Los “otros” son los del atentado, reciente entonces,  de las torres gemelas de Nueva York.

Y termina el capítulo con una afirmación que es un programa de vida, frente a la amenaza de los cuatro jinetes del apocalipsis como expiación colectiva:

 “Ha de existir y existe fuerza moral suficiente como para que pueda evitarse ese terrible ritual, y al lado de los atavismos que sin duda nos acompañan, y para contrapesarlos, solo tenemos la frágil guía  de la razón moral que con tantas pruebas y dificultades hemos logrado articular.”

Si se confirman y asumen nuestras hipótesis, la frágil guía de la razón moral, se vería totalmente reforzada por el reconocimiento del mandato imperativo universal de hacer, con amor, lo mejor para el bienestar y la pervivencia de todos los hombres, actuales y futuros.

El epílogo (pág.249 a262) empieza citando a mi paisano Luis Buñuel y a su “Perro andaluz”, uno de cuyos personajes arrastra un  par de pianos de cola, dos burros muertos… y cree Dª Amelia, que hasta un par de padres marianistas.

La idea es que, cada uno y la humanidad toda: “ llevamos a las espaldas, propios y heredados pecados más que suficientes, de los antiguos y de los modernos. Y sin que conozcamos método de expiación.”

En mi opinión, estas cargas no deberían preocuparnos. En  “Tareas” recomiendo a mis lectores que lo primero que deben hacer es aceptar, cada día, ser como son ellos y su entorno y circunstancias. Y a partir de ahí intentar, buenamente, hacer lo que tienen que hacer. El mandato es intentarlo. Y si se consigue mejor. Pero eso es otro nivel.  Dª Amelia es un ejemplo vivo de una cultura de exigencia de responsabilidad y éxito.  Digo lo anterior para darnos cuenta de cual es nuestro deber. Nuestra responsabilidad no es salvar a la tierra y a la humanidad. Nuestro deber imperativo es intentarlo. Con alegría, sabiendo las dificultades pero sin temerlas.  En cualquier caso, el pesimismo de Dª Amelia y de otras muchas personas de buena voluntad, es entendible. Pero puedo asegurar que todo mejora cuando nos damos cuenta del objetivo básico y de cual es nuestro quehacer al respecto.

Y volviendo al libro, cito tres frases de las tres últimas páginas:

En la 260: “…allí donde conviven muchos y diferentes, sólo normas universales pueden hacerles cohabitar. Por eso vindicar de nuevo la ciudadanía y encontrar los cauces para una  ciudadanía mundial se hace imperioso.”

En la 261: “… las paradojas de la acción colectiva llevan a veces a pensar que no sabemos ni podemos automanejarnos como especie.”

En la 262, final:”… necesitamos urgentemente una moral global para un  mundo global. Y una moral justa global requiere una apuesta profunda en el plano teórico por el humanismo y en el plano práctico por las instancias que puedan hacerla efectiva, cauces que permitan demandar responsabilidades a quienes la vulneren”.

Si como creo mis hipótesis son ciertas, tienen las respuestas a estas tres cuestiones:

1ª.- Son la base de las normas universales de una ciudadanía mundial, (no uniforme).

2ª. Me alegra que Dª Amelia reconozca a la especie como sujeto. Que con mis ideas y sus aplicaciones (ver en Tareas) podría y sabría automanejarse.

3º.- Mis ideas son humanistas, en el más puro sentido de humanismo.  Y en mis escritos he resumido el plano teórico  y el práctico.

A Dª Amelia como a los demás filósofos, científicos y personas pensantes, les pediría y les pido que, al menos, “miren” estas hipótesis. Y que intenten ver, sin prejuicios, si tienen alguna posibilidad de ser ciertas y útiles. Y que me hagan saber su juicio, sea positivo o negativo.  Para mí, es suficiente con que una sola de estas personas con autoridad académica diga que estas hipótesis son posibles y contrastables. Con esa opinión, creo que tengo capacidad y medios para procurar su validación y difusión.

Gracias a quien lo intente. Y le aseguro que ese intento tendrá, como todo acto altruista, su recompensa.

J.C. Madrid, 25.3.2018. Las 20,42 

Añadido del 26.3.18 

Tengo delante dos libros de Dª Amelia  (ver en Bibliografía):

El primero: “Ética contra estética”, editado en 1998. Lo compré y leí hace algún tiempo. Está muy subrayado y tengo anotadas para releer y comentar 27 páginas. No lo voy a hacer. Lo he citado en alguno de mis otros escritos. Pero no es un texto meta-ético aunque la pregunta sobre el qué sea la ética y su fundamento está presente en todo el libro. Libro altamente recomendable por su contenido y por el inteligente y vivo estilo de su prosa.

El segundo es  “Ensayos sobre el bien y el mal”. Muy reciente. De abril del 2018. Lo he descubierto hace unos pocos días. Este es más denso y largo de leer. Es un tratado sobre los vicios y las pasiones. Un análisis fino de los pecados y debilidades humanas, hecho con rigor apasionado.  Elevando el nivel de la filosofía hispana, surando sobre ella, flotando sobresaliente sobre el nivel del agua del saber ya sabido. ( ver pág. 176 sobre un curso con Ferrater, V. Camps y Giner)

Aunque tampoco es un texto meta-ético, tengo anotadas 37 páginas que ameritarían ser comentadas. No lo voy a hacer. Me vale con haber constatado que mis ideas encajan en lo que Dª Amelia dice en el texto. Y que serían muy útiles para intentar remediar los males que aquejan a los hombres, y a las mujeres, que padecen y hacen padecer por los vicios y las pasiones tan magistralmente descritas en el libro.

J.C. Madrid, 26.3.2019. las 12,27